lunes, 31 de marzo de 2008

Referentes Pre - históricos II

En el primer trimestre del 2005 Jennifer salió de casa de sus papás para irse a vivir a un departamento en la Colonia del Valle en la calle de López Cotilla. Recuerdo que yo estaba emocionado por mi entonces amiga, pues independizarse era un símbolo inequívoco de su valentía para construir la buena vida; era el capítulo final de una búsqueda que inició años antes con su viaje a Colombia.

Creo que fui de los primeros que visitó el sitio. Todo me pareció fantástico, a la medida de ella, pero sobre todo me fascinó el pequeño corcho que tenía pegado en la pared del fondo, sobre el escritorio donde trabajaba. Y del corcho, me atrajo en particular un papelito con una cita de Valerie Merkle que aparece en Viaje a remo hacia el corazón de nuestro Amazonas:

"Los peligros del camino son nada más y nada menos que los mismos peligros de la vida. Sólo el hecho de estar vivos nos abre el peligro, y vivir plenamente implica estar abierto al riesgo.

No arriesgarse puede tal vez disminuir los peligros, pero no correr riesgos tiene el peligro de volverse un hábito, y el hábito tiene el peligro de volverse un vicio: el vicio de la comodidad de la rutina que es tratar de evadirse de la vida... y ¿no será que el vicio de evadirnos de la vida nos mate?"

Sentí algo en ese momento que no podría interpretar plenamente sino tiempo después: que yo quería formar parte de su vida, de su proyecto...

Cuando meses después finalmente nos atrevimos a darnos cuenta de cuánto nos gustábamos y queríamos estar juntos, le regalé una tarjeta con una imágen de Rober Doiseneau. Naturalmente el Basier del Hotel de Ville es un lugar común sobre la aspiración romántica, la entrega apasionada. Acaso no haya persona que no haya obsequiado a su amada la misma imágen ya trillada...


Sin embargo, lo novedoso, lo importante, es que esa tarjeta fue a parar al corcho, justo junto a la cita de Valerie Merkle. Era como si yo le dijera: "Estoy dispuesto a correr el peligro de volver a creer en el amor -- yo tenía entonces años de llevar en el pecho el corazón partido, y había renunciado a que las alas de los sueños me sostuvieran --, estoy dispuesto a comprometerme contigo en esta jornada, con la misma valentía que sé, desde hace años, que tú tienes para encarar la vida."

De esa intuición inicial, de esa intención originaria, hasta nuestro viaje por Latinoamérica, sólo hay un paso...

Perseguir los sueños

En su columna denominada Leyenda Personal que se publica cada lunes en el periódico Reforma, Paulo Coelho escribe un texto, casi como si estuviera pensando en nosotros:

"El que se atreve a tener un proyecto en la vida, quien tiene el valor para dejarlo todo y vivir su Leyenda Personal, acabará logrando su objetivo. Lo importante es mantener el fuego en el corazón y tener resistencia para superar los momentos difíciles.

(...)

La subida arriesgada

Durante una tempesdad, el peregrino llega a un albergue, y el dueño del pregunta adónde se dirige.
-Voy a las montañas - responde.
-Olvídelo - dice el dueño-. Es una subida peligrosa, y el tiempo no acompaña.
-Iré de todas formas - responde el peregrino -. Si mi corazón ya ha llegado allí, no será difícil que este cuerpo lo siga.

¿Cuál es el precio?

- ¿El precio de vivir un sueño es mayor que el de vivir sin arriesgarse a soñar? - preguntó el discípulo.
El maestro lo llevó a una tienda de ropa. Allí, le pidió que se probase un traje exactamente de su talla. El discípulo obedeció, y se quedó maravillado con la calidad de la ropa.
A continuación, el maestro le pidió que se probase el mismo traje, pero de una talla mucho mayor a la suya. Y el discípulo así lo hizo.
- Éste no sirve. Me está demasiado grande.
- ¿Cuánto cuéstan estos trajes? - preguntó el maestro al vendedor.
- Los dos tienen el mismo precio. Sólo se diferencian en la talla.
A la salida de la tienda el maestro le comentó al discípulo:
- Vivir el sueño y abandonar el sueño tienen el mismo precio, muy caro en ambos casos, generalmente. Pero la primera actitud nos lleva a comulgar con el milagro de la vida, mientras que la segunda no nos sirve para nada.

La búsqueda del camino

- Estoy dispuesto a dejarlo todo. Por favór, admítame como discípulo.
- ¿Cómo elige un hombre su camino?
- Por el sacrificio. Un camino que exige sacrificio es un camino verdadero.
El abad tropezó contra una estantería. Un jarrón rarísimo cayó desde lo alto, y el joven se tiró al suelo para agarrarlo. Cayó de mala manera y se rompió un brazo, pero consiguió salvar el jarrón.
- ¿Cuál es mayor sacrificio: ver como revienta el jarrón contra el suelo o romperse un brazo para salvarlo?
- No sé.
- En ese caso no intentes orientar la elección por el sacrificio. El camino se elige por nuestra capacidad para comprometernos con cada paso que damos mientras lo recorremos.

miércoles, 19 de marzo de 2008

El espíritu del viaje II

Para llevar en el corazón...

Itaca (Konstantínos Kaváfis)


Si vas a emprender el viaje hacia Itaca,
Pide que tu camino sea largo,
rico en experiencias, en conocimiento.
A Lestrigones y a Cíclopes,
o al airado Poseidón nunca temas,
no hallarás tales seres en tu ruta
si alto es tu pensamiento y limpia
la emoción de tu espíritu y tu cuerpo.

A Lestrigones y Cíclopes
ni al fiero Poseidón hallarás nunca
si no los llevas ya dentro de tu alma,
si no es tu alma quien ante tí los pone.
Pide que tu camino se largo.
Que numerosas sean las mañanas de verano
en que con placer, felizmente
arribes a bahías nunca vistas;
detente en los emporios de Fenicia
y adquiere hermosas mercancías,
madreperla y coral, y ámbar y ébano,
perfumes deliciosos y diversos,
cuanto puedas invierte en voluptuosos y delicados perfumes;
visita muchas ciudades de Egipto
y con avidez aprende de sus sabios.

Ten siempre a Ítaca en la memoria.
Llegar ahí es tu meta.
Mas no apresures el viaje.
Mejor que se extienda largos años;
y en tu vejez arribes a la isla
con cuanto hayas ganado en el camino,
sin esperar que Ítaca te enriquezca.
Ítaca te regaló un hermoso viaje.
Sin ella el camino no hubieras emprendido,
más ninguna otra cosa puede darte.

Aunque pobre la encuentres, no te engañará Ítaca.
Rico en saber y en vida, como has vuelto,
comprendes ya qué significan las Ítacas.

lunes, 28 de enero de 2008

El espíritu del viaje


En la sala de nuestro departamento está esta fotografía de Pablo Collada con una inscripción: "Para mi hermano Arturo, por las apuestas, los saltos..."

El espíritu de esta imágen es el mismo que alimenta nuestro viaje...

domingo, 6 de enero de 2008

Reflejos anticipatorios. Fracciones de Segundo

Justo en la coyuntura del viaje aparece en Los Talleres de Coyoacán, Cinefilias, un programa llamado Documental Urbano, impartido por el francés Hervé Tostivint. Jennifer me anima a inscribirme. En medio de un flujo de trabajo demandante y una atmósfera enrarecida por mi inminente partida, es una forma de conectar con la labor creativa del viaje de una vez. Es una forma de prepararse.

El profesor deja una primera tarea. Un ejercicio de observación. De ahí sale un pequeño texto. Yo lo acometo alegre, pues experimeto, de forma anticipada la dinámica, el ritmo el disfrute que la labor creativa documental traerá:

Selva de Asfalto 6. Fracciones de Segundo
Polanco, México D.F.
Arturo Ignacio Peón Barriga

Un par de carabelas españolas surcan las aguas verdes de la fuente en el parque de Polanco. Su trayectoria zigzagueante contrasta con la cadencia plácida que uno esperaría de una nave medieval.

La estatua de una mujer de bronce se abre del lado izquierdo. La mujer joven, delgada, sensual, se regocija en su feminidad. Está sentada con delicadeza sobre un pedestal blanco. Tiene la cabeza ligeramente echada hacia atrás mientras sus manos sostienen su nuca.

La galería “La Casita” presenta “Fracciones de Segundo”, exposición fotográfica de Arlette Duek.

Una mujer vende pompas de jabón. Agita su brazo y una cascada de delgadas burbujas transparentes aparece. El viento las toma y las mece brevemente hasta que se revientan. Un niño se divierte persiguiéndolas.

Se escucha el pitillo de un globero. En el ramillete voluminoso de bolsas de helio trae un castillo, una rana, Barney, Bob Esponja, una vaca, un personaje de Cars, un chango, una estrella.

En un poste se presentan abigarrados cinco carteles morados que anuncian el concierto de Gloria Trevi en noviembre.

Un indígena parado en la banqueta vende telas. Trae un backpack al hombro y tres manteles tejidos – blanco, rosa y beige. Despliega un chal. Penden los flecos. Aparece distraído. No parece hacer mucho esfuerzo por empujar la venta.

Frente a la Factoría Gourmet, parado firme y silencioso, hay un hombre que recibe a los clientes y coordina a los muchachos del valet parking. Está vestido como comandante de policía, con un Blazer de Botones dorados en las mangas. A la altura del pecho trae una placa plateada con su nombre: Gustavo. El walkietalkie que utiliza para pedir los coches acentúa su aire policial. Podría ser, si le pusieran un gorro, el concierge de un edificio en el UpTown de Manhattan. Recibe una pareja que baja de una camioneta Toyota Sienna color bronce, con placas 972 UPK.

Tres adolescentes judíos desayunan en las mesitas del restaurante. Todos traen camisetas polo claras con cuellos levantados, pelos mal peinados y tennis que parecen zapatillas de Nadia Comanecci. Su español tiene un acento yiddish. Suena el celular de uno. “Moy, ¿cómo estás?, estamos desayunando en Polanco… Vamos a comer en Santa Fe, ¿nos alcanzas?... No, Dalia no ha llegado, me colgó… Nos vemos…”. Platican entre ellos. “La ventanita de mi cuarto no tiene madre, guey. Está increíble… El otro día me pelee con mi hermano. Quería ponerse mis jeans… Obvio… ¿qué pedo?... ¿Vas a ir a la boda? Yo ya tengo mi corbata. Yo también, pero un guey se compró una igual, ¿habías visto? Yo voy a llevar una Ferragamo morada.”

Un muchacho se para con su guitarra frente al café. Canta, en un lenguaje que suena a inglés, pero que no es inglés, pues solo se distinguen las frases iniciales y el resto es un champurrado anglonomatopéyico: “Ol mai lobin ai guil gib tu llu…” –suena su particular versión de los Beatles—“Close your eyes, Daran Ding Dan, Dan Ding Daran Ding Dan, Ding Ding Darang Ding Dan Di Doo…

Un grupo de cinco amigos sexagenarios desayunan juntos. Uno llega tarde. Es posible que se junten regularmente en el mismo sitio, pues mientras se sienta uno de sus compañeros, otro señala: “Ahora te tocó con vista al mar, Juanito”.

Pasa una indígena vendiendo un molcajete de piedra. Trae un vestido rosa y un reboso gris. Nadie le hace caso. Mira hacia ninguna parte. Frunce el ceño. Abre la boca. Le faltan los dos dientes incisivos superiores.

Frente, en otra mesa, desayuna una chica que parece modelo (podría ser Sarah Jessica Parker en Sex in the City). Trae unas botas de charol con un doblés en la parte superior. Usa un vestido negro, corto, de algodón; un chaleco azul con retazos de piel de conejo en los hombros; unos lentes oscuros Gucci. Esta sentada con un par de jóvenes en sus 40´s. El brillo de sus labios resalta, mientras platica animada y se ríe. Uno de sus amigos pide la cuenta. Cuando la chica se para, se hace evidente que es famosa, probablemente una actriz, pues uno de los adolescentes la reconoce y le pide que se saquen una foto juntos. Su amigo lo fotografía con su celular. Otra familia que pasa por la banqueta en ese momento también la reconoce. La mamá le pide a la actriz que se fotografíe junto a su hijo, un muchacho pasado de peso en sus 17´s. Él se siente apenado. Estira la camiseta de Brazil que trae puesta como si súbitamente fuera consciente de su gordura y lo invadiera la inseguridad. Como si se hubiera dado cuenta, la actriz se conduce con naturalidad y lo hace sentir bien. Acomoda su cabeza sobre el pecho del muchacho como si fueran pareja y ella se refugiara en la seguridad que le da la fortaleza de su hombre. La mamá que activa la cámara está visiblemente emocionada. Con cortesía, la actriz le pide a la mamá que le enseñe la foto. Se despide.

Uno de los sesentones reconoce a la actriz. “¿Cómo te has acomodado en el departamento?” pregunta mientras ella se acerca a saludarlo., “¡De maravilla, estoy fascinada en El Pasaje!”. Se despiden. Se hace un silencio mientras cruza la calle y alcanza a sus amigos que la están esperando hace rato. Se reanuda la charla en la mesa. “Es la Reina de Polanco”, dice uno. “Esos dos amigos, se me hace que son medio pajarillos barranqueños”, comenta otro. “Especialmente el del saquito verde”. Una marchanta interrumpe. Ofrece a los señores plantas exóticas: una Pata de Elefante, un Palo de Brazil. “No gracias”, le contestan. Continúan hablando sobre cómo la carrera de la chica ha despegado como la espuma. Uno sentencia: “El privilegio de tener unas tetas y unas nalgas sensacionales”.

Pasa un viejo pidiendo limosna. Su voz es inaudible. Del huarache que cubre su pie derecho asoma el dedo pulgar. La piel está negra y agrietada. La uña es gruesa y tiene el mismo color del maiz.

Pasa un papá paseando con una carreola doble, en donde están sentados un par de cuates vestidos con swetercitos azul marino. Ambos son rubios, de ojos verdes y rasgos nórdicos. La niña trae una mamila con forma de osito.

El sol empieza a caer con más peso. Se acerca el medio día. Como si el calor lo hubiera convocado, un campanilleo anuncia el paso de un hombre que empuja un carrito de helados en cuyo costado se lee: “Helados Bambi”.

Alguien en la mesa de los sesentones pregunta por Beto Levy. “Uy, ese ya pasó a mejor vida, ya chupó faros…”“¡Qué mal!, fuimos vecinos mucho tiempo en Vázquez de Mellado.” –dice uno. “Su esposa era muy guapa”—comenta otro. “Jugábamos juntos fútbol en el club israelita. El era el capitán. Un jugadorazo”…

Un joven vende pollitos, conejitos y pingüinos de cuerda. Trae una charola que le cuelga del cuello como a las cigarreras en los salones de baile. Los monitos hacen triki triki tri, triki triki tri.

Un Cocker Spaniel blanco con manchas y orejas color miel husmea la bolsa “Prune” de una señora que le da instrucciones detalladas al mesero para que le traiga su croasaint de salmón con las alcaparras y la cebolla aparte, porfavorcito.

Los sesentones se pelean por quien paga la cuenta. “No Juanito, no seas así… La vez pasada pagaste tú”. Arrebata el ticket al mesero y cambia la tarjeta de crédito de su amigo por efectivo.

Pasa nuevamente el muchacho con su guitarra y canta la misma canción de John, Paul, Ringo y George: “…Remember I´ll always be true…”

viernes, 4 de enero de 2008

La Agenda Amorosa

No todas las reacciones al viaje han girado en torno a las implicaciones que este tiene para la carrera. Algunas de las más interesantes están asociadas al efecto que una aventura como ésta --24/365-- tendrá en nuestra pareja: "Se van a aburrir el uno del otro..."; "Se van a pelear, van a andar como perros y gatos..."; "La pasión se arruinará entre ustedes, pues la pasión se alimenta de la distancia...".

Ciertamente, todas las anteriores son posibles... y habrá que buscar estrategias para administrar los fenómenos a los que sin duda están sujetos un hombre y una mujer viajando juntos. Hay también que aceptar que el riesgo es en última instancia el hallazgo potencial de que no estamos hechos el uno para el otro... Pero, incluso en este supuesto, cuando lo que se busca es la conciencia, la sabiduría, la buena vida, ¿no sería posible concebir también este hallazgo como un beneficio?

Por lo pronto, una forma de abordar este reto es delinear una agenda amorosa --que no es distinta para otra pareja, cualquiera que esta sea su circunstancia, pues cualquier proyecto amoroso es en última instancia un viaje.

Nuestra agenda amorosa tiene tres aristas: La pasión, la intimidad y el compromiso.

La pasión.- Es el llamado del destino o de nuestro linaje a la especie. Es lo que está más pegado al cuerpo. Es lo que no se construye, simplemente se despierta. Es una voz potente. Es el impulso. Es una ola que nace dentro y nos arrastra. Es en parte puro erotismo y sensualidad. Es una sed, una danza, un misterio. Es una ruta de huidas y encuentros. No escapa a sus formas un cierto deseo de dominación, de imponernos al otro, de conquistarlo.

La intimidad.- Es el verdadero encuentro. Se funda en la apertura, en la revelación que hace el uno al otro. Es, en un sentido, la tarea de inventar un universo nuevo. La intimidad, que no es otra cosa que el proyecto de conferir valor a la vida del otro a través de constituirse en su testigo. La intimidad que es una guerra contra la soledad, que inevitablemente será perdida, qué duda cabe, pero que no habría significado en nuestra existencia si no hiciéramos todo lo posible por ganalra, y si no ganáramos, en efecto, alguna que otra batalla. La intimidad, que es un poco afinidad, un poco empatía. Que tiene mucho de diálogo --contar y escuchar--; de confrontación honesta a la pareja, de reto, de búsqueda. Un juego de espejos. Y en última instancia, se sintetiza en la alegría de que el otro exista, en una palabra.

El compromiso.- Que no es otra cosa que la disposición permanente a optar por el otro, a renovar constantemente una promesa de encuentro, y esforzarse por cumplirla. El compromiso, que es un pacto de tolerancia, de aceptación a pesar de las fallas del otro. Que exige la capacidad de regenerarse, de aceptar las pérdidas, de caminar a pesar de los cambios. El compromiso, que nos mantiene juntos por el sentido que tiene el proyecto que en conjunto construimos, más allá de la coyuntura que nos distancia o el sentimiento, que se nos escapa. El compromiso, que se nutre de la consistencia, que se funda en la reciprocidad, pero que necesita en ciertos periodos de la incondicionalidad. Que es la decisión última de caminar hasta donde llegue el camino, poniendo lo que uno tiene, bajo el entenidmiento de que cualquier cosa que vale, cuesta.

jueves, 3 de enero de 2008

Antología de Reacciones frente al anuncio del viaje II

Durante la cena navideña con mi grupo de amigos de la primaria, secundaria y preparatoria, a quienes sin duda considero inteligentes y exitosos, nos enfrascamos en una discusión sobre el tema del viaje.

Sin escucharme, desde un apriori medio intransigente, entramos en un diálogo que parece debate o juicio. Me sermonean, intentan exorcisarme del demonio que se me ha metido; intentan hacerme entrar en razón. Encuentro que en sus 30´s sostienen un discurso semejante a otros de mis interlocutores en sus 60´s: un discurso conservador, hasta cierto punto reaccionario.

Bien vale la pena pensar y cuestionar, no sólo el contenido de su razón -- "cómo debe ser vivida la vida", sino sobre todo el tono --un cierto dogmatismo categórico -- que no acepta visiones alternativas, posturas distintas:

- Según fue expuesto, esta filosofía descansa sobre el principio de que toda vida se orienta hacia la construcción de un patrimonio, que desde luego, siempre puede ser valorado en términos económicos.

- Y para conseguir eso, "dicen los que saben", que el hombre, entre los 20 y los 3o se prepara; entre los 30 y los 40 despega; entre los 40 y los 50 se consolida; entre los 50 y los 60 cosecha; después de los 60 disfruta.

- Ver así las cosas pone relieve sobre todo en los aspectos productivos de nuestra vida, y naturalmente pone énfasis en entender que factores la afectan: la capacidad intelectual y productiva en general tiene un pico durante los 30´s, y después tiene una declinación progresiva.

- Cuando uno concibe así la vida y sus condicionantes, se aclara el nombre del juego: rentabilidad, según la cual los recursos deben ser utilizados para maximizar el beneficio y minimizar el riesgo.

- Para maximizar los beneficios lo primero es tener claridad de metas. Para ilustrar este principio, elocuentemente se cita un ejemplo de Rockefeller, quien dialoga con una mujer, y le pregunta cuál es su objetivo en la vida. La mujer de modestos medios contesta simplemente que le gustaría tener una cabaña en el campo. Rockefeller contesta categórico que nunca conseguirá su objetivo: "A la dificultad propia de juntar los recursos económicos se suma sobre todo la falta de claridad con respecto a sus metas. Sus metas son difusas. Si usted me hubiera dicho que para el día tal, usted pretende estar viviendo en la cabaña tal, que se encuentra en tal lado, entonces pensaría que usted tiene alguna posibilidad de alcanzar su meta."

- Lo segundo está asociado a la concentración, principio según el cual uno debe poner sus esfuerzos enteros en la persecusión de aquello que busca, hacer a un lado cualquier aspecto de la vida que no esté alineado al objetivo productivo. Esto supone naturalmente olvidar los sueños que no se alínen al afán productivo, o sacrificar intereses colaterales.

- Y ya delineadas estas premisas, no es difícil entender los "miedos" concomitantes a este discurso: a. miedo al deterioro -- "si te bajas del tren ahora para emepar algo nuevo te perderás del mejor momento de tus capacidades. La mente no es la misma. Tu capacidad no será la misma." b. miedo a las nuevas generaciones -- "los chavos de 20 vienen empujando fuerte. La competencia es feroz. Si te bajas del tren ahora, no podrás alcanzarlos despúes."

-En conclusión quien sigue religiosamente esta receta, al final de sus días recibirá el premio de un retiro feliz, próspero, y podrá dedicar sus días --ahora sí-- a aquello que constituyen sus sueños, aquello que en verdad le apasiona; b. quien se aparta de este órden tienta destino, y no puede sino condenarse al fracaso.


Hasta ahí. Algunas reflexiones necesarias:

a.- Frente a idea de que la felicidad está al final del camino, en el goce del patrimonio durante el retiro: "El camino es la meta" (Lao Tsé). La "vida" no está sólo al final de la vida. La vida está en la vida misma, en su construcción. Es un fin en sí misma. Es, sobre todo, una experiencia. Lo que frecuentemente nos contamina es la expectativa de un resultado.

b.- Frente a la idea de que el objetivo último es el patrimonio, y la vida es una se divide en etapas únicamente pensadas en términos de su construcción y disfrute: Acaso una de las aproximaciones teóricas que más me gusta al tema del desarrollo humano es la de Erik Erikson, un psicoanalísta que identifica ocho etapas de desarrollo psicosocial. Su teoría es interesante pues describe cada una de las etapas como polos opuestos que constituyen un reto de desarrollo que cada hombre debe enfrentar y salir o no victorioso: Tres en la primera infancia: Confianza vs. Desconfianza básica, Autonomía vs. Vergüenza y Duda, Iniciativa vs. Culpa; una en la edad escolar de primaria: Laboriosidad vs. Inferioridad; una en la adolescencia: Identiidad vs. Confusión de roles; una en la juventud: Intimidad vs. Aislamiento. Una en la madurez: Generatividad vs. Estancamiento; y, una, finalmente, en la vejez: Integridad del yo (sabiduría) vs. desesperación.

- Visto desde esta perspectiva, frecuentemente pienso el viaje como un activo que abonará a las tres metas de desarrollo que aún la vida me pone por delante -intimidad, generatividad e integridad- más que su alternativa (permanecer en este momento en el trabajo actual, en el trayecto de carrera actual) ...

- Visto también desde esta perspectiva, que a los riesgos, que siempre están ahí, se les enfrenta siempre con las fortalezas que uno ha podido consolidar en su desarrollo. Es decir, la carrera, esta o cualquier otra, se corre exitosamente en la medida en que hay confianza básica, autonomía, iniciativa y laboriosidad... Es decir, en la medida en que se contacta la propia historia, la propia experiencia, la propia leyenda personal; en la medida en que se traen al presente las lecciones, los aprendizajes; entonces es posible acometer la labor y seguir generando.

c.- Rockefeller. No se puede negar la pertinencia del dicho en relación con la claridad de metas. Jim Burrus, uno de mis maestros en HayGroup y discípulo de David McClelland (el teórico de la motivación humana que encontró una correlación entre el desarrollo económico y la motivación de logro, y categorizó la motivación social --logro, afiliación y poder), me contó que de un grupo de cerca de 100 "entrepreneurs" con los que llevaron a cabo programas de desarrollo al principio de los 70´s en países del tercer mundo -- Paquistán, India, México, etc--, aquellos que a la vuelta de 20 años (se organizó un reencuentro en los 90's) habían en efecto conseguido lo que se plantearon durante los talleres, fueron los que en aquella oportunidad, de inmediato y con toda precisión consiguieron articular qué era lo que querían conseguir.

- Sin embargo, así como la anécdota señala aquello en lo que nos encontramos -- la coincidencia de la necisidad de tener una visión de futuro, y la relevancia que juega la motivación de logro para ejecutarla -- Rockefeller es también una referencia desafortunada (o afortunada para el caso), pues permite ilustrar que justo en los valores --aquello a lo que concedemos importancia-- nos separamos. Acaso no haya un mejor ejemplo para ilustrar el monopolio, la tiranía o la corrupción que Rockefeller y la Standard Oil. Y por lo que se sabe, en su retiro al campo experimentó una dudosa plenitud, asediado por personas interesadas en su dinero --nunca sabiendo quién le tenía un afecto verdadero-- y bajo la sospecha permanente de la legitimidad de su fortuna.

d. Con respecto al riesgo: Primero habrá que aceptar, que al tomar esta decisión, uno de los escenarios posibles es el que se plantea: Que la estabilidad económica, o que la carrera en consultoría se vean lesionadas por el paréntesis que el viaje constituye. Y entonces la incilinación romántica contestaría "París bien vale una misa".

Pero también hay que decir que ese riesgo palidece, al menos desde mi perspectiva y la de mis valores, frente a los otros que se le oponen en la propuesta convencional: Apostar todo a un retiro próspero que nunca se sabe si llegará --la enfermedad, la muerte son caprichosas y llegan sin aviso; Posponer los sueños a un momento en que acaso el sentido se haya perdido, la fuerza falte, o sea demasiado tarde para la realización.

e. Encuentro que la dinámica de debate con mis amigos no es nueva. Durante la secundaria y la preparatoria sostuvimos una semejante gimnasia dialéctica, en la que por oposición, cada uno exploraba sus posturas, ensayaba su identidad. Así como hoy la arena está asociada a la filosofía de carrera profesional, entonces, lo que nos ocupaba era el candente tema del sexo. Hay al menos dos anécdotas memorables:

- La visita a la casa de moneda, en la que frente a los escenarios sexuales hipotéticos que se planteaban, ("¿Qué le harías a C.A. --una de las cheerleaders de paradigmática belleza-- si la encontraras en un hotel, desnuda, dispuesta y seduciénote?), nos polarizábamos: por un lado, un nutrido grupo que se alineaba a la respuesta convencional (fantasías asociadas a cojidones de campeonato, miembros descomunales y resistencia de fondista), y por otro, yo, con mi fiebre franciscana que enarbolaba la bandera de la castidad y el "respeto a la mujer", argumentos que eran sin duda recibidos con abucheos y que me hicieron merecer no pocos calificativos de "puto".

- La discusión que sostuvimos durante el trayecto entre Barcelona y Niza en nuestro viaje de mochila al hombro en Europa, al término de la prepa, en la que básicamente y de forma más elaborada se repitieron estas posiciones con respecto al sexo prematrimonial. La diferencia estuvo en que en esa ocasión, hubo la oportunidad de actuar en consecuencia: Kitty, una descomunal gringa que encontramos en uno de los hostales con dormitorios mixtos, me eligió a mí de entre toda la banda de adolescentes. A la media noche, frente a las costas del Mediterráneo, con una considerable cantidad de tequilas y cervezas circulando en la sangre, después de que impedí el asalto de un francés a un grupo de backpackeros que dormían en la playa, deseché la ocasión --patente y reiterada-- de hacer el amor con Kitty: primero, cuando se desnudó para darnos un baño con luz de luna en aquella playa de piedrabola, y más tarde, al regresar al cuarto del hotel, cuando en varias ocasiones le impedí el acceso a mi litera. Mientras brindaban en algún bar de la costa azul a mi salud, aquellos que creyeron que la diosa del sexo podría más que mis ideales, perdieron considerables sumas de dinero en las apuestas de aquella noche..

De las anécdotas y su referencia en este momento de vida destacan 3 cosas:

- Se hace evidente algo que permanece de entonces: entre mis amigos y yo, nuestros valores, nuestra forma de ver la vida, el ancla de nuestras decisiones, sigue siendo distinta. Pues mientras ellos en general ratifican lo que es convencional, propio de la cultura de nuestro grupo social --un talante conservador, práctico, orientado a la productividad y a la aspiración de una cierta posición económica-- en términos generales, compartiendo algunas cuestiones de esa filosofía, a mi me interesa exploar vías alternas, posturas que tienden a ser marginales, y que están entintados por el idealismo, el romanticismo o el misticismo.

- Se hace evidente que algo ha cambiado en mí desde entonces: mi discurso en esa época era conservador y dogmático. Y francamente, mis ideas tenías una fuerte carga de contenido prestado, pues no dejaban de ser una reproducción de voces ajenas -- la educación paterna, la educación religiosa. De entonces a acá, he desarrollado una postura frente a la vida más abierta, menos dogmática, y ciertamente más liberal. Y encuentro en eso, personalmente, un signo de crecimiento, de desarrollo. Y en cierto sentido, para ser franco, el movimiento evidencia que no he pasado por alto la experiencia del amor, del encuentro sexual, de la pérdida, de la búsqueda de un camino auténtico, personal, de mis elecciones profesionales, de mi labor.

- Y con humor, cabe decir a casi 15 años de distancia que, sí, amigos, en efecto, soy un pendejo por dejar pasar a Kitty!

f. Aclaraciones.... Y con todo vale la pena repetirlo y sobre todo reflexionarlo hacia adentro..:

- Es difícil explicar (y acaso no sea necesario) lo que nace de la pasión, del sueño, pues no necesariamente es compatible con el mundo de la razón. Hay cosas que se hacen porque se desea hacerlas, porque se tiene la fuerza, la valentía, la voluntad de hacerlas...
- Hay una visión hacia adelante de vida, de propósito, de proyecto --asociado a la psicología, al desarrollo humano, a la educación, a la labor humanista--, simplemente ahora no es el momento para formularla y cerrarla, pues el viaje permitirá enriquecerla.
- En efecto, hay cierto grado de indefinición en lo que deseo hacer hacia adelante, que visto desde fuera, pudiera parecer ignorancia o confusión. Permitirse no saber, alejarse de las certezas y preconcepciones, es en parte el propósito del viaje, lo que permitirá reafirmar y aclarar dónde deben ser puestas las fichas de la siguiente etapa...
- Una vez que tomamos la decisión de viajar, justo diseñamos la etapa previa al viaje para maximizar las opciones al regreso --sin quemar barcos o tirarse al abismo, pues este no es un viaje de vagabundos, sino de dos personas que se aventuran a una experiencia creativa. En parte a ello responde la decisión de haber avisado con tanto tiempo de antelación en el trabajo, lo que también constituía un riesgo... lo que permitirá en primera instancia considerar la opción de continuar...
- Y desde luego, nadie tiene la vida comprada... pero creo también, que la vida no le da a uno lo que uno no pide...

jueves, 23 de agosto de 2007

Antología de Reacciones frente al anuncio del viaje I

No es que las reacciones que la gente tiene frente al anuncio del viaje sean del todo inesperadas, (pues siendo honestos, frecuentemente a uno mismo le han cruzado la cabeza), sin embargo, no dejan de asombrar, pues en ellas se exponen de forma cruda los valores (o los prejuicios) sobre lo que es y debe ser la vida.

Documentar y reflexionar sobre dichas reacciones es una tarea fundamental del viaje, pues constituyen la primera estación frente en la que habremos de mirarnos al espejo; empezar a poner distancia; definirnos a partir de lo que dejamos atrás.

Estos argumentos, vertidos espontáneamente, de botepronto, tienen sin duda algo algo de genuina preocupación por los que nos aventuraremos, pero sobre todo, a ellos subyace una lógica oculta, a la que el miedo y la envidia no son ajenas.

Hago aquí una pequeña antología que busca capturar las primeras tres reacciones que recibimos, para elaborarlas y resignificarlas, una tarea a la que habremos de volver una y otra vez antes, durante y después de la jornada:

1. "Estás echando todo por la borda".-

Quien así reacciona piensa que al irnos un año de viaje, estamos dejando pasar oportunidades profesionales, dilapidando capital financiero, desaprovechando redes de trabajo, debilitando relaciones con clientes; pondremos en peligro el puesto, el coche, el departamento. Que en una palabra, estamos perdiendo la inercia y el posicionamiento que hasta ahora hemos conseguido, a cambio de nada, pues para ellos el viaje es una especie de infatuación, de capricho, un espejismo.

Puedo conceder que si bien en el desarrollo de una carrera estas consecusiones son deseables (toda construcción supone un movimiento espiral, progresivo y acumulativo), darles tal valor entraña fundamentalmente una perspectiva conservadora de la vida, que supone en dicha acumulación la palanca fundamental para alcanzar el éxito; y en la posesión, un fin en si mismo.

Sin embargo quien así piensa, pasa por alto que la determinante última de una carrera no reside en el factor externo --la oportunidad--, sino, sobre todo, en la variable interna: el deseo, el sueño, la motivación. Son esas, cuando se tiene una pasión que perseguir, un sentido trascendente que conseguir, las que eventualmente volverán a crear dichas oportunidades y relaciones...

No hay que perder de vista tampoco, que cuando nos agarramos a las cosas, las cosas nos agarran a nosotros...

Por eso el viaje tiene un aspecto ético, en el que elegimos la aventura, la intimidad, la creatividad, y la confianza --por más fugaces, inciertos e inasibles -- como la forma de transitar la vida.

2. "Esto es algo que uno hace a los 22, no a los 34".-

Aquí subyace una lectura que valora el discurso adulto y lo supone como una etapa superior idealismo juvenil. En ese sentido, a los adultos les corresponde establecerse, no soñar; corresponde la sensatez, no la lucura; corresponde casarse, tener hijos, no perseguir sueños; corresponde hacer patrimonio, no correr aventuras.

Sin pasar por alto que detrás de esta sentencia hay una invitación razonable contra quien por temor a crecer se constituye en el perpetuo Peter Pan, y mantiene las ensoñaciones de su juventud para escapar a las realidades asociadas a crecer, no es difícil descubir también el paradigma conservador que le subyace. Y uno sinceramente se tiene que preguntar qué sentido de realización hay en encadenarse al automatismo del matrimonio, la hipoteca, los pañales, las colegiaturas, el préstamo, el fondo para el retiro...

Para contestar, el aforismo de Yourcenar es pertinente en este momento: "Entre la seguridad y la libertad, prefiero siempre la segunda".

Acaso también valga la pena recordar que los 30´s son una edad mística, de reflexión, como en Cristo, como en el Buda:
- Un pasaje en el que se sueña con la lucidez que brinda el haber constatado ya el potencial que tiene uno para desplegar su quehacer en el mundo.
- Un pasaje en el que con sus acciones, uno eligirá vivir despierto y ver a través de los ojos de la libertad, o dejar caer los párpados del sueño de la seguridad.
- Un pasaje en el que se desea asegurar que la contribución de uno estará enfocada justo en el sitio en el que dará un mayor fruto.

3. "Todos tenemos nuestro Shangri-Lá, pero la vida no es así".-

Si para los dos argumentos anteriores cabe una lectura indulgente para el detractor del viaje, en la que es posible conceder una interpretación razonable, esta tercera revela por completo a quien la esgrime por su cobardía. Pues esta es la respuesta del que ya se cansó de luchar; del que ha sido aplastado por la cotidianidad de sus responsabilidades, ha capitulado a sus sueños y se ha vuelto esclavo de sus obligaciones; ha terminado por concebir la vida como viacrucis, y ha dejado para un futuro que nunca llegará, la realización de sus sueños. En el mejor de los casos, para quien sustenta esta postura, los sueños son paraísos literarios o cinematográficos, fugas fantásticas y esporádicas, que sirven para aliviar la carga de la pesada jornada, pero nunca, como aspecto central del viaje.

¿Por qué renuncia uno a sus sueños, a sus deseos?

- Porque la vida es terrible --llena de filos de crueldad, de golpes inesperados, de escasez de recursos-- y más vale armarse, defenderse, reducir al máximo los riesgos, minimizar los contratiempos, atenuar al máximo la posibilidad de experimentar dolor, de estar expuestos a la necesidad.
- Porque somos cobardes --la frustración y el miedo son motivos potentes-- y es más fácil recorrer un script previsible pero con razonables posibilidades de satisfacción, que aventurarse a escribir un guión propio, siempre incierto, siempre trabajoso, siempre riesgoso, y expuesto a la mirada envidiosa de aquellos que no se han atrevido a emprender una nueva ruta.
- Porque somos débiles, y es más fácil ceder a la presión social que refuerza y recompensa a quien se comporta en la norma, y elige un estilo de vida que contribuye a construir la seguridad colectiva, que separarse y mantener encendida una chispa de individualidad, el deseo personal, y cargar sobre los hombros con la incomprensión y el rechazo del resto

Sin embargo, frente al escenario que plantea el Malestar de la Cultura, la alternativa está en la conciencia que captura la sentencia de Borges en El instante: "(...) El hoy fugaz es tenue y es eterno; otro cielo no esperes, ni otro Infierno."

No es Shangri-Lá o la vida; es Shangri-Lá o la muerte, pues...

jueves, 19 de julio de 2007

Declaración

He llegado a la conclusión de que por más que me guste mi vida actual -- mi trabajo de consultor, mi sueldo de director, mi departamento frente al parque de Tlacoquemécatl, la vida apacible en las caminatas diarias con Olivia alrededor del parque-- sólo seré la persona que quiero ser si me atrevo a dejar que varios sueños guardados para más tarde, para otros tiempos, se materialicen... Sólo estaré orgulloso de mí dejo que la aventura, que el ejercicio creativo, que la libertad del viaje me crucen más allá del discurso...

  • El sueño del Amor: si con algo he soñado en mi vida es con el amor: "ellos son dos por error que la noche corrige..." El viaje es una especie de luna de miel de un año con Jennifer. Pero no la imagino cursi. La imagino como sé que es el amor desde que estoy con Jennifer-- se construye cada día, se trabaja cada día con esfuerzo, con compromiso, con capacidad de sorpresa, con hacerse cargo cada quién de lo suyo, de reinventarse a sí mismo, de tratar de entender las diferencias. Se puede decir también de forma poética: "La búsqueda / asomarte /en el espejo /de mi rostro. El viaje / volcarte /en el risco /de mi cuerpo... (A.P., Existir, 2001) Sé que Jennifer es mi compañera de viaje, porque me amó cuando yo era menos que lo que yo puedo ser, y a pesar de mis constantes fallas preserva la capacidad de ver en mí el potencial que existe para devenir en más que lo que soy. ¿Qué puedo decir de ella? De sus capacidad de sueño y fantasía, de su cuerpo hermoso y largo como una península…
  • El sueño de Latinoamérica: Para mí nada ha sido más provocativo que Latinoamérica. Desde el caribe de los filibusteros de las tortugas del Salgari de mi infancia y mi adolescencia; el Buenos Aires de Borges y su Aleph; la Latinoamérica de Silvio y Pablo; la Memoria del Fuego de Galeano. Ahora caminaré por las mismas rutas, me tocarán las mismas aguas, me nacerán las canciones, me dolerán sus dolores, acaso en un sótano me me abra la puerta al infinito...
  • El sueño del escritor: Siempre he querido escribir. Intentos no han faltado. He tenido que luchar con diferentes vicios: la cursilería, el lugar común, el rebusque, el exceso, la falta de autenticidad, los últimos años, la falta de tiempo. Como quiera que sea, algún día, me topé con mi propia voz y me dí cuenta de que "escribo porque, como todos, me voy a morir; porque no quiero estar muerto hoy, cuando aún vivo; y, por último, para no estar muerto del todo, el día que muera." (A.P., Hombre, 2001). Así que ahora en este viaje me daré el lujo de cumplirme este sueño. Escribiré "El libro de los asombros cotidianos" con las estaciones que he venido cosechando desde hace tiempo: La función del arte, Selva de Asfalto, Humana Fauna, Claroscuros, Viajes del Corazón, Vocaciones.
  • El sueño del cuenta cuentos: A mí los cuentos me fascinan desde chico. Los cuentos están cerca de la memoria de mi papá: Rikitikitavi de Kipling; los cuentos que inventaba de Orutra y su hermanita Alrac; las historias de su vida. Después, explicando la lección de historia a las amigas de la prepa, contando chistes, en las clases de catecismo, me volví yo también un poco cuentero. Me empezaron a pasar cosas simpáticas que contar -- los desencuentros con mi suegra, las desaveniencias a la hora del baile, el día que atropellé a un policía... Me volví también el hombre de un solo cuento: John Heartman... El viaje se abre para seguir contando cuentos, ahora junto con Jennifer: trasladar la magia de un lado a otro, encender la imaginación, convocar la emoción, fomentar la introspección en quien escucha.
  • El sueño del viajero: Acaso una de las frases que más me han marcado es una que me dijo Rocha, mi primer psicoanalista, a propósito de mis temores -- las veces que no defendí mi sitio a lado de la mujer que amaba, las veces que no besé a la mujer que me gustaba – (Quizá deba admitir que con todo y que he mostrado coraje en muchos momentos de mi vida, frecuentemente mi discurso ha ido más lejos que mis acciones.) Citó al Cielo Protector de Paul Bowles: Hay dos tipos de hombres en el mundo, dos aproximaciones posibles a la vida: turistas o viajeros. El turista lleva un itinerario prefabricado. Va cómodo. Seguro. Visita los ´monumentos´ importantes. No deja nada suyo en el sitio que visita y, en realidad, no lleva nada de vuelta. Nunca abandona realmente su casa. El viajero... el viajero, en cambio... nunca sabe si volverá." Este viaje es pues la oportunidad de que la acción supere al discurso, me convoca a vivir, a estar más allá de las cárceles de la cotidianeidad, del script de una vida fabricada en línea y cuyo misterio está agotado desde el día cero. Me convoca a no dejarme ahogar en medio de las comodidades de la seguridad; me convoca a recordar que la vida se vive en presente, que se revitaliza cuando estamos en contacto con la maravilla.
  • El sueño de la transformación interior: Está claro que estoy cerrando un ciclo en esta fase de mi carrera, que ha sido intenso, entregado, exitoso; que no aspiro a ser el Office Manager, ni el líder global de consultoría de HayGroup; que no imagino una vida encerrado en aviones. Está claro también que se me mueven otras mil inquietudes por dentro (destaca el deseo de formular un proyecto educativo). Es un espacio para olvidar, para vaciarme un poco de lo que he aprendido, dejar que se asiente, que madure y se decante. Es un viaje para ir hacia adentro, para conocerse a través de la acción, de nuevas experiencias. Este viaje es una oportunidad para abrirse a otras experiencias, a otros estímulos, a otras ideas. Una oportunidad de cuestionarse, de reinventarse, para trazar esbozos de nuevas vidas posibles. Es un viaje para renovar la perspectiva, para fortalecer la energía para reemprender.

domingo, 15 de julio de 2007

Itinerario preeliminar

Fecha de inicio: 01 de Junio 2008

México: 4 semanas totales
Junio 08: Veracruz, Tabasco, Campeche, Yucatán

Centro América: 8 semanas totales
Julio 08: Belice, Guatemala, Salvador, Honduras
Agosto 08: Nicaragua, Costa Rica, Panamá

Sud América: 38 semanas totales
Septiembre 08: Colombia
Octubre 08: Ecuador, Perú
Noviembre 08: Perú, Bolivia
Diciembre 08: Chile
Enero 09: Argentina
Febrero 09: Argentina, Uruguay
Marzo 09: Paraguay, Brazil
Abril 09: Brazil, Guyana, Venezuela
Mayo 09: Venezuela

Caribe: 1 semana
Mayo 09: Dominicana

México: 3 semanas totales
Mayo 09: Chiapas
Junio 09: Oaxaca