sábado, 16 de mayo de 2009

Un taco después de once meses

Síndrome de abstinencia

Sólo quien ha estado lejos de México mucho tiempo puede entender que la nostalgia de nuestro país se agudiza particularmente en todo aquello que se relaciona con el sentido del gusto. Que después de once meses lejos de suelo mexicano, uno empieza a tener sueños en los que aparecen tostadas de pollo, gorditas de chicharrón, tlacoyos con crema y salcita, esquites con limón y mayonesa, y sopecitos de cochinita pibil. Que en las largas conversaciones de traslado viajero empiezan a aparecer con obsesión delirante referencias multicolores a tamales verdes, moles negros, pipianes amarillos, pozoles rojos y tortillas azules.

Fue sin duda este síndrome de abstinencia lo que aceleró el cierre del capítulo patagónico del viaje para arribar finalmente a Santiago, a casa de Mariana y Joaquín, en donde nuestros anfitriones habían anunciado que tendría lugar una taquiza.



Entremés con Tina Modotti

Desde el momento en que pusimos un pie en casa de los De la Torre Aguirre, un viernes del mes de mayo, no nos quedó la menor duda de que habíamos arribado a territorio mexicano. Si no por otra cosa, porque en plena sala de Mariana y Joaquín hay una imagen que remite extraña y poderosamente a México. Se trata de un retrato que Manuel Álvarez Bravo hizo en la primera mitad del siglo XX: Tina Modotti, desparpajadamente desnuda en la terraza de algún patio mexicano, descansando sobre una manta a cuadros, caderas y talones vendados, rodeada de piñas espinosas.



La imagen tiene tal magnetismo que, como pudimos comprobarlo, se convierte en un inevitable pie de conversación. Fue así como, apenas desempacados, nuestros anfitriones nos contaron un par de anécdotas asociadas a su historia con la imagen. Nosotros escuchamos las anécdotas como si se tratara del entremés de una celebración que se extendió varios días.

Primera anécdota. Los muchachos que hicieron la mudanza del departamento de Joaquín y Mariana en La Condesa, Ciudad de México, a su departamento en Las Condes, Santiago de Chile, deliberadamente dejaron el póster con la imagen de Álvarez Bravo para el final. La estratégica demora les permitió extender sin problema sus impúdicas miradas a la morena Modotti, que entre ronda y ronda de carga y descarga, fueron acompañadas por sutiles seseos, finos chorros de baba, e inaudibles murmuraciones al son de ¡mamacita!

Segunda anécdota. Más de uno de los invitados que ha pasado por casa de los De la Torre Aguirre –asumiendo que Joaquín es un talentoso fotógrafo—, ha tenido el desatino de preguntar en qué fecha fue que Mariana, su linda esposa, posó para él...

Los preparativos

Como tendríamos ocasión de constatar en nuestra estancia en el departamento de Joaquín y Mariana, cuando al primero se le mete una idea en la cabeza, no hay poder humano sobre la faz de la tierra que consiga sacársela. Joaquín se empeña con testaruda perseverancia, hasta que la idea se transforma en realidad.

Y esa es exactamente la historia que hay detrás de la taquiza: una mañana, en pleno Santiago de Chile, Joaquín se levantó con antojo de tacos al pastor, y tres meses después se las había arreglado para conseguir un trompo de esos que probablemente provienen de la tradición shawarma árabe, en la que el Tizoncito mexicano se inspiró para inventar esta variación de carne de cerdo axiotada, lentamente dorada, cortada en lajas, envuelta en tortilla con un complemento de piña, cebolla y cilantro picados, y rematada con un toque de sal, limón y harta salsita de tomate.

Así que habiendo conseguido el aparato, el resto era cuestión de paciencia. Y paciencia fue lo que requirió el traslado hormiga de ingredientes–chile, axiote y especias mexicanas entre otros— que los De la Torre organizaron con cuanta visita llegó a Santiago, a través de la frontera chilena, que es una de las más exigentes en lo que a restricción de productos agrícolas se refiere.

Ya con todos los elementos asegurados, sólo hacía falta encontrar un chef que le diera certidumbre a la manufactura del platillo.

Y ese era Andrés Pascoe, un mexicano que siente una pasión irrefrenable por la culinaria, que tiene tantas facetas de personalidad como trucos tienen los magos en su chistera: hijo de un diplomático mexicano, funcionario de la FAO, periodista que escribe una columna regular para algún diario mexicano, marido de una linda chilena, conversador incombustible con reflejos de cuentero.


Todo listo y en su lugar, la tarde de sábado del festejo, a poco menos de dos horas en que su departamento se llene con una concurrencia de cuarenta invitados entre quienes predominarán los mexicanos, nuestros anfitriones han resuelto todos los pendientes excepto uno: aún no cuentan con el tanque de gas que es necesario para hacer funcionar el trompo de los pastores. Sin él, literalmente, el festejo amenaza con convertirse en un desastre.

Así es que de forma muy mexicana, a las prisas y sobre la hora, mientras Jennifer ayuda a Joaquín en el departamento acomodando la dotación de cervezas en el refrigerador, yo me lanzo junto con Mariana en una búsqueda frenética por las calles de Santiago, para hallar el dichoso tanque.

Diez minutos antes de que cierren la bodega de abastecimiento, damos milagrosamente con el sitio.


El festejo

Joaquín, aficionado incontrovertible a la lucha libre, no pierde ocasión para darle al decorado del departamento un toque con sabor a Arena México.



La noche gira. Entre los invitados circulan las máscaras de la colección de Joaquín. El Santo. El Místico. El Rayo de Jalisco.



De un lado los rudos…



En la esquina contraria, los técnicos…



Primera caída. En las mesas la gente ataca el guacamole y los frijolitos con totopos.



Segunda caída. Las Coronas empiezan a hacer estragos entre los invitados que las han hecho correr con generosidad.



Tercera caída. Los tacos al pastor están listos.

Jennifer y yo nos formamos en la fila que augura una breve existencia al trompo de pastor. Nos servimos. Nos separamos de la multitud y nos dirigimos a un rinconcito del departamento, para disfrutar en petit comité el momento que pondrá final a once meses en que hemos vivido como náufragos del taco. Tina Modotti se une a la intimidad de nuestro ritual mexicano.



Y así, finalmente, como lo manda el canon mexicano –parados, sosteniendo el taco a la altura del pecho, sintiendo la textura granulosa de la tortilla entre los dedos, chorreando salsita sobre el plato—, volvemos a estar, como en sueños, por unos instantes, en un sitio que sabe a casa…

lunes, 11 de mayo de 2009

Y los gatos también cuentan...







Perros callejeros de Chile


Todos los días, en Valparaíso, a las cinco y media de la tarde, aparece un perro que se asoma al interior de la fuente de la plaza.

Pasa horas ahí, mirando con la curiosidad de un niño. Esperando.

Después de un tiempo comienza a mover la cola. Se emociona. Gime. Se asoma más profundo.

Y es que en las aguas de la fuente, de pronto, acaba de aparecer la imagen de otro perro. Un perro, que al igual que él, se emociona al verlo…


Por alguna razón curiosa las calles de Chile están llenas de perros callejeros. Unos perros que generan ternura y simpatía. No se ven muertos de hambre ni especialmente enfermos. Se ven contentos y satisfechos.

Puerto Natales, la primera ciudad chilena que visitamos, estaba repleta de perros. Supimos que algunos eran callejeros de nacimiento mientras que otros lo eran sólo de espíritu; éstos tenían dueños que les dejaban la puerta abierta para que pasaran el día explorando. Cualquiera que fuera su origen, se les veía juntos, mezclados, felices y libres.

Perros callejeros “por derecho propio” –como diría la canción de Alberto Cortez. Perros que saben usar su ternura para ablandarte el corazón y conseguir lo que necesitan. Perros con una viveza en los ojos que uno desearía poder escucharlos contar sus historias de guerra.


Siempre me han generado fascinación los perros callejeros. Me llama la atención esa capacidad (¿innata o aprendida?) para sobrevivir a través de su carisma. También la forma en que interactúan, formando manadas, como si vivieran en estado salvaje. Manadas que no sobreviven cazando presas sino cazando la compasión humana.

Recuerdo lo que me platicaba una amiga veterinaria sobre esta interacción entre perros y personas. Existe una teoría, me decía, que explica que el proceso de domesticación no lo habían comenzado los humanos sino los mismos perros…



En esa época en que los perros andaban sueltos recorriendo los montes junto con sus primos los coyotes, algunos pocos se acercaron con timidez a las chozas de los humanos que propagaban calor. Estos primeros perros aventureros aprendieron rápidamente que la mirada de sus ojos podía conseguir las sobras de la comida. Habían descubierto una nueva forma de sobrevivir. Habían encontrado la llave al corazón del hombre.

Los humanos proveían no solo comida sino protección, calor y con el tiempo, compañía. A cambio, los perros aprenderían de los humanos a dar cariño, buscar caricias, ayudar a proteger el territorio de su dueño e incluso detectar los sutiles cambios de humor en las personas para abrigarles el corazón con una movida de cola.

En este proceso de acercamiento entre perros y humanos quedó claro que algunas características resultaban fundamentales para mantener el vínculo. Los primeros perros adoptaron –o mantuvieron- algunos rasgos de cuando fueron cachorros. Características como la ternura, el ser juguetones, la búsqueda de afecto, generaban en el humano la sensación de dependencia. Los perros aprendieron a ser, de cierta manera, cachorros eternos. Y con su amor y lealtad domesticaron al hombre.



Ahora, miles de años después, los perros callejeros siguen usando las mismas tácticas. Mariana y Joaquín, nuestros anfitriones en Santiago, nos platicaron de un perro callejero que los había adoptado. El perro había aparecido varias veces rondando su casa. Un día los acompañó durante varias horas por su recorrido citadino, esperándolos siempre a la vuelta de la esquina y acudiendo al llamado de “amigo perro”. Por la noche, había aceptado los pedazos de jamón y caricias que le dieron en el jardín de su casa. Ese día, decidieron dejarle la puerta abierta y a la mañana siguiente ya no estaba.



Se lo volvieron a encontrar algunos días después. Decidieron seguirlo para ver a dónde los llevaba. Se sorprendieron al ver que llegaba con confianza a una casa donde había un tupper con comida esperándolo. Un tupper que él con su pata abrió y se puso a comer. Así se dieron cuenta que su perro era un alma libre. ¿Y quiénes eran ellos para oponerse?

El amigo perro, aparentemente, tenía varios dueños. Y ellos se quedaron contentos con haber sido adoptados por él.

Era callejero por derecho propio
su filosofía de la libertad
fue ganar la suya sin atar a otros
y sobre los otros no pasar jamás.
aunque fue de todos nunca tuvo dueño
que condicionara su razón de ser
libre como el viento era nuestro perro
nuestro y de la calle que lo vio nacer…

Alberto Cortez

domingo, 10 de mayo de 2009

México a la distancia III. Ecos de la gripe chancha


Llueve sobre mojado

Si ya de por sí un año lejos de de la tierra de uno convoca un leve torbellino melancólico en algún sitio que se encuentra entre pecho y garganta, presenciar, a varios kilómetros de distancia, lo que ha ocurrido en México en los últimos días, es una experiencia que no se puede vivir sin cierto grado de desolación.

A México le llueve sobre mojado.

Y es que uno no es supersticioso, pero casi con precisión de relojero suizo, desde que salimos del territorio mexicano se han sucedido, uno tras otro, infinidad de sucesos de corte truculento , desde el avionazo del Secretario de Gobernación en el barrio de Las Lomas, hasta la cotidiana dosis de descabezados en el norte del país.

Y ahora el drama este de la crisis de salud asociado a la gripe-porcina-influenza-humana.

Sin duda, desde Santiago de Chile, poco podríamos agregar a lo que seguramente ha sido regurgitado hasta el cansancio en los medios, que a todas luces han hecho su agosto sensacionalista.

Sin embargo creo que vale la pena consignar un poco lo que ha pasado, en parte, como una forma de construir la memoria del porvenir, y en parte, acaso, para sumar a la reflexión desde la perspectiva que otorga la distancia.

De primera mano

Primero algo sobre lo que a nosotros nos hemos experimentado de primera mano estando en el confín del mundo, según sugiere la raiz quéchua del término Chile:

El 29 de abril hicimos una función de cuentos en “El Mesón Nerudiano”, en uno de los barrios bohemios de Santiago. La noche de la función varios chilenos hablaron para cancelar la reserva que habían hecho desde semanas antes, pues establecieron un prejuiciado vínculo entre espectáculo mexicano y gripe porcina. Así que actuamos frente a un bar lleno a medias por un público mayoritariamente extranjero.

Con la extraña sensación de haber sido despreciados por un auditorio al que nunca llegamos a conocer, no fue difícil entender el contexto en que Héctor Reynoso, un futbolista de las Chivas del Guadalajara, eligió escupir y toser en la cara de uno de sus rivales del Everton chileno, como respuesta a la provocación del delantero, que se burló de él y le auguró una pronta muerte a manos del terrible vírus. Justo en la prensa del día siguiente a nuestra función aparecieron los testimonios de los jugadores de las Chivas que se sintieron discriminados como leprosos por los habitantes de Viña del Mar.

Por las mismas fechas Cristina Fernández, --jugando para la tribuna del electorado argentino que, dicho en términos futbolísticos, está siempre pronto a tragarse las fintas populistas de los políticos--, cerró las fronteras y canceló vuelos a México.

Más allá de la afectación económica que la acción tendrá (que debe ser relativamente marginal) la resolución tiene una negativa carga diplomática, al ser contraria al espíritu de cooperación que caracteriza las relaciones de ambos países.

Y sobre todo, tiene una extraña connotación contradictoria, pues en Argentina recién se ha desatado una epidemia de dengue que contaba 30,000 infectados no oficiales para principios de abril, lo que haría suponer que el gobierno estaría especialmente sensible para comprender y apoyar a sus pares mexicanos y no ceder al primer impulso paranoide.

Salvo los efectos que esto pueda tener en el ánimo de nuestros futuros anfitriones (Argentina es el último destino de nuestro viaje antes de volver), la medida no nos debe afectar en términos prácticos (salvo de que cunda la animadversión por los mexicanos, y a algún paco se le ocurra ponerse loquito).

No así a nuestros amigos de Laboratorio en Movimiento (aquellos que han hecho un recorrido por Latinoamérica en una camioneta que se mueve impulsada por biodiesel fabricado con aceite de cocina) que se encuentran actualmente en Buenos Aires. A ellos, la determinación de la presidenta los ha puesto en el limbo, sin posibilidades de volar de regreso a México como habían planeado, en un momento en que su presupuesto de viaje hace rato pasó por la fase de cuarto menguante.

Desde un sitio privilegiado

El segundo perfil de la experiencia sobre la influenza estuvo determinado en gran medida por la coincidencia de que en Santiago nos hospedamos con Mariana Aguirre, una amiga mexicana que trabaja para la FAO (el organismo desconcentrado de la ONU que tiene como misión eliminar el hambre en el mundo).

Mariana y sus colegas, valga la aclaración, se mueven en un organismo global que funciona de forma bastante semejante a la OMS (directamente involucrada en la crisis de la influenza), y por lo tanto , están acostumbrados a interpretar los mensajes y los signos entreverados en una situación como esta.

A través de su mirada nos ayudaron a comprender la complejidad de la crisis de salud que México enfrentaba: primero, por el inusual patrón de muertes que, a diferencia de la gripe común, estaba atacando a personas jóvenes relativamente saludables; segundo, por el hecho de que el virus habría trascendido la barrera de contagio animal-humano, entrando en el terreno del contagio humano – humano; tercero, por la mutabilidad y resistencia del virus; cuarto, por la presencia transregional del virus; quinto, por el costo potencial de una pandemia en caso de que cobrara la inercia que se espera dados los antecedentes del SARS y la gripe aviar.

Y no sólo eso, sino que además, gracias a la experiencia de estos interlocutores de la FAO, pudimos comprender la dificultad que tiene cualquier sistema público de salud (como el mexicano) para reaccionar con rapidez y congruencia frente a una coyuntura como esta (infinidad de decisiones burocráticas que deben alinearse para dar en el clavo de algo tan complejo como una pandemia); y también entender la naturaleza de las discrepancias entre la información del gobierno mexicano y de la OMS.

Visto a través de su mirada entrenada, no nos pareció en absoluto imprudente el manejo conservador que el gobierno mexicano hizo de la amenaza potencial, tal como se presentaba durante sus primeros días.

Visos de complot

Sin embargo, a pesar de la claridad que nos dio la perspectiva de estos colegas, han llegado hasta nosotros también todo tipo de teorías que asumen que la gripe porcina responde a un complot global.

Si no fuera por la gravedad del caso que vuelve la desconfianza que revelan estas teorías en una tragedia, el puro número, variación e inconsistencia de estas versiones –a pesar de que algunas tocan datos probables-- tendría que hacernos reflexionar más sobre los temores que se anidan en el inconsciente colectivo, y en último término, hacernos reir:

Que si se trata de un virus que creó una transnacional farmacéutica que es dueña de la vacuna, que se hará rica al distribuir el remedio sobre el que ellos tienen posesión monopólica.

Que si esta transnacional farmacéutica actúa en colaboración con el gobierno de los Estados Unidos, que planea reactivar la economía global a partir del dinero que generará la producción y distribución de esta vacuna.

Que si el gobierno durante la reciente visita del gobierno de Estados Unidos a México se planeó este brote para justificar el intervencionismo del vecino del norte sobre nuestro territorio soberano.

Que si ambos gobiernos aprovecharán la coyuntura y la confusión para impulsar la devaluación del peso y la posterior implementación de una moneda única para la región de Norteamérica –como el euro de la Unión Europea-- llamado Amero.

Que si el gobierno de Estados Unidos inoculó a los mexicanos para justificar el cierre de fronteras, retardar la reforma migratoria y combatir a los narcotraficantes.

Que si el gobierno mexicano creó una cortina de humo, a partir de la consabida teoría del shock para aprobar, mientras todos están apanicados, refundidos en sus casas, una legislación sobre posesión de estupefacientes.

El deterioro de la confianza

Lo que desde mi perspectiva es alarmante, es que la popularidad con la que se aceptan las ideas del complot, es un signo de la poca credibilidad que la gente le otorga al gobierno, y en consecuencia, del poco margen que tienen nuestros líderes para actuar en una situación crítica como estas, en detrimento del bien común.

Sin pasar por alto que en buena medida esta falta de crédito a la autoridad pudiera ser algo tan estructural un rasgo cultural del mexicano (como posiblemente sugiere la escala de distancia al poder del estudio clásico de cultura de Hofstede); y que los setenta años de esquizofrenia priista hicieron lo suyo para que nuestro pueblo desconfíe sistemáticamente de sus gobernantes; no puedo dejar de asignarle a los eventos recientes de nuestro país, un peso importante en esta crisis de credibilidad.

Vicente Fox encabeza desde luego la lista. Iniciando con el irresponsable manejo de expectativas asociado a sus promesas irrealizables de campaña (“en quince minutos resuelvo el problema de los indígenas en Chiapas”), y terminando con el hostigamiento sistemático que tuvo hacia López Obrador, reverso de la moneda necesario para enteder el poder que Obrador adquirió al representar el papel la víctima.

Víctima soberbia que fue también incapaz de aceptar su derrota electoral, y que al inventar la teoría del complot sobre las elecciones del 2006, se llevó entre las patas al único núcleo de confianza institucional que tenían los mexicanos (y que habían construído con sangre sudor y lágrimas): el Instituto Federal Electoral.

Activo social, aquella confianza institucional en el IFE, que con su incapacidad comunicativa no supo y no pudo salvaguardar aquella noche trágica de julio, su adalid oficial, Luis Carlos Ugalde.

Para ser justos, en ese escenario adverso, polarizado y de desconfianza, no es difícil entender también el tenor del contexto que ha incentivado a Calderón, el presidente actual, a ser tan conservador en sus decisiones, cuando en otra circunstancia podría haber tenido más latitud para actuar.

Lo cierto también es que, en cada una de las coyunturas que Calderón ha enfrentado --y que representan oportunidades tanto como problemas-- él tampoco ha conseguido ampliar su margen de maniobra, lo que conseguiría si su manejo fuera más acertado.

El mensaje en cadena nacional que Calderón ha dado para enfrentar la situación de la Gripe recientemente, es un buen ejemplo de ese manejo desafortunado, según opinan algunos amigos mexicanos. En buena medida porque fue incapaz de conseguir la necesaria concordancia entre el mensaje que comunicaba, la situación crítica y el sustrato emocional que se movía en el ambiente. Su intervención –dirigida a un pueblo que zozobra entre mensajes de pánico, desesperación y el descrédito al gobierno— fue tan acartonada y a la vez tan optimista, que según nos han dicho amigos bastante neutros políticamente, que en varios momentos les fué imposible diferenciar si el que hablaba al pueblo de México era un un clown o el presidente...

Lo bueno de lo malo

Con todo, entre los mensajes que hemos recibido de amigos y familiares, hay quien asegura que no todo es catastrófico; que la crisis de la influenza ha traído indirectamente algunas cosas buenas a los mexicanos.

Hay pues, quien asegura que estos días de cuarentena obligada se convirtieron en espacio inesperado de encuentro, que de otra forma, en la rutina diaria, hubieran sido impensables; gente que afirma que han encontrado la vía hacia otros en un desacostumbrado compartir de relatos, de esos que se cuentan sólo a se encuentran codo a codo junto a uno en medio de una tragedia o un encierro....

Por nuestra parte, a kilómetros de distancia, al día siguiente de que fuimos víctimas de un pequeño desaire de prejuicio discriminatorio durante nuestra función de cuentos, mientras leíamos la columna de Cristian Warnaken –¡México Muerte!— en periódico chileno El Mercurio, encontramos, entre lágrimas de nostalgia, un motivo más para querer estar pronto a la vuelta, en nuestra tierra querida, codo a codo con nuestros amigos y familia:

“(…)

Andan diciendo por ahí que la Muerte se pasea por Ciudad de México como madre por su casa. La quieren declarar en cuarentena, clausurar, estigmatizar como la aldea de la peste. Pero Ella ya ha pasado por esto tantas veces, por la prueba del fuego y del exterminio. Ella ha cruzado las aguas de la corrupción y la tragedia. Y sigue ahí, espléndida como la Virgen de Guadalupe, su patrona, invitando a las cíclicas muerte y resurrección de siempre. Allí los vivos usan mascarillas y los muertos respiran.

Mientras escribo esto, la emoción se me sube a la cabeza. A tientas, como un ciego, vuelvo a caminar y perderme por el bosque de Chapultepec... De pronto estoy junto a los añosos árboles del Paseo de la Reforma, después busco en Coyoacán, paso cerca de la casa donde estuvo Jack Kerouac en los años en que se enamoró de Tristessa, la prostituta católica que le enseñó la pureza. Es el mismo barrio donde anduvieron Hernán Cortés y Malinche, en los comienzos. Sé que puedo cruzar una esquina cualquiera y volver a encontrarme con mi inolvidable amiga Bárbara Délano, que estará ahí, como si no hubiese muerto nunca, esperándome para ser mi guía en los laberintos de la soledad. Iremos a conversar a los bares que sólo ella conoce, y a hablar de los poetas mexicanos que sólo ella recita de memoria. Me sacaré la mascarilla y le diré: "¡Qué vacía está la ciudad, Bárbara...! ¡Qué desastre!". Pero ella reirá, me agarrará del brazo, y, burlándose del pánico puritano a la muerte, me besará en la mejilla y yo besaré su mejilla afiebrada de muchacha muerta.

Entonces lo sabré: no se sana uno nunca de la muerte ni de la vida. No se sana uno nunca del amor a Ciudad de México. Y no hay que huir, sino regresar siempre a la ciudad sagrada
.”


Palabras Curzadas

Hay un gran debate sobre cuál es el legado que dos de las figuras capitales de la historia contemporánea de Chile han tenido para con el país.

Conforme pasa el tiempo, pareciera que existe un concenso creciente sobre el fracaso del modelo económico de Allende para sacar adelante al país. No son pocos los que, a la distancia, agradecen a Pinochet el haber encarrilado a Chile hacia la prosperidad de la que hoy goza.

Y puede ser...

Lo que a mí me ha dejando perplejo ahora es el testimonio que constituyen las palabras que ambos pronunciaron la mañana del 11 de septiembre de 1973.

Conocía ya de hace tiempo el discurso de Allende --pasado también por la canción que Pablo Milanés compuso compuso a partir de sus palabras "Yo pisaré las calles nuevamente".

Pero apenas ahora hace unos días, frente al Palacio de la Moneda, José Luis Mellado, nuestro amigo cuentero, nos refirió a la transcripción que existe de las palabras que Pinochet pronunció ese mismo día, casi a la misma hora...

Palabras lanzadas al espacio aéreo que se cruzan en el cielo de aquella mañana en que se signó el destino de Chile.

Desde luego, buena parte la perplejidad se la debo a la noción, acaso idealista e ingenua, de que el hombre es su palabra.

Salvador Allende

Transcripción del discurso que Salvador Allende pronunció por Radio Magallanes a las 9:10 de la mañana del 11 de septiembre, cuando el Palacio de La Moneda está sitiado por el ejército que ha dado un golpe de estado. (Fuente: http://www.ciudadseva.com/)

"Seguramente ésta será la última oportunidad en que pueda dirigirme a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Postales y Radio Corporación. Mis palabras no tienen amargura sino decepción. Que sean ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron: soldados de Chile, comandantes en jefe titulares, el almirante Merino, que se ha autodesignado comandante de la Armada, más el señor Mendoza, general rastrero que sólo ayer manifestara su fidelidad y lealtad al Gobierno, y que también se ha autodenominado Director General de carabineros. Ante estos hechos sólo me cabe decir a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.

Trabajadores de mi Patria: quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la ley, y así lo hizo. En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, quiero que aprovechen la lección: el capital foráneo, el imperialismo, unidos a la reacción, creó el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición, la que les enseñara el general Schneider y reafirmara el comandante Araya, víctimas del mismo sector social que hoy estará en sus casas esperando con mano ajena reconquistar el poder para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios.

Me dirijo, sobre todo, a la modesta mujer de nuestra tierra, a la campesina que creyó en nosotros, a la abuela que trabajó más, a la madre que supo de nuestra preocupación por los niños. Me dirijo a los profesionales de la Patria, a los profesionales patriotas que siguieron trabajando contra la sedición auspiciada por los colegios profesionales, colegios de clases para defender también las ventajas de una sociedad capitalista de unos pocos.

Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha. Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente; en los atentados terroristas, volando los puentes, cortando las vías férreas, destruyendo lo oleoductos y los gaseoductos, frente al silencio de quienes tenían la obligación de proceder. Estaban comprometidos. La historia los juzgará.

Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz ya no llegará a ustedes. No importa. La seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la Patria.

El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.

Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!

Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición."

Adolfo Pinochet


Transcripción de la conversación que en la mañana del 11 de septiembre de 1973 tuvieron Adolfo Pinochet, comandante en Jefe del Ejército Chileno y Patricio Carbajal, Jefe del Estado Mayor Presidencial. (Fuente: https://segue.middlebury.edu/view/html/site/span0105a-s09/node/1926745)

La mañana del día 11, el bombardeo de La Moneda conoció algún retraso, lo que puso especialmente nervioso a Pinochet.

"Yo tengo la impresión de que el señor SE [Allende] se arrancó en las tanquetas. Las tanquetas hay que ubicarlas...", sugirió Pinochet.

"No, pero en las tanquetas, no, no huyó", corrigió Patricio Carvajal.

"Conforme, conforme. Entonces hay que impedir la salida. Y si sale, hay que estar listo para actuar sobre él. Más vale matar la perra y se acaba la leva, viejo", bramó Pinochet. "Otra cosa, Patricio. A las once de la mañana hay que atacar La Moneda, porque este gallo no se va a entregar".

"Se está atacando ya... Se está rodeando y atacando con bastante ímpetu", indicó Carvajal.

"Conforme. Enseguida sale el avión, viejo, y se despacha al tiro [inmediatamente]", dijo Pinochet.


"Negó la posibilidad del avión", desestimó Carvajal.

"¿La negó?", preguntó Pinochet, sorprendido.

"Pidió al edecán militar que los comandantes en jefe concurrieran a La Moneda", explicó Carvajal.

"¡Rendición incondicional!", se desgañitó Pinochet. "¡Rendición incondicional!", volvió a gritar fuera de sí.

"Bien. Rendición incondicional y se le toma preso, ofreciéndole nada más que respetarle la vida, digamos", sugirió Carvajal.

"Se mantiene el ofrecimiento de sacarlo del país... Pero el avión se cae, viejo, cuando vaya volando...", precisó Pinochet.

"Conforme... [risas al escuchar la sugerencia]... Conforme", celebró Carvajal.

Un poco después, Carvajal volvió a consultar con Pinochet.

"La idea sería tomarlos presos, no más por el momento; después se verá si se les da avión u otra cosa, pero... por el momento, la idea es tomarlos presos", señaló Carvajal.

"Pero es que si los juzgamos, les damos tiempo. Y se les pueden levantar las pobladas para salvarlos... Creo que lo mejor... Consúltalo con Leigh... La opinión es que estos caballeros se toman y se... mandan dejar a cualquier parte. Por último, en el camino, los van tirando abajo", reiteró, temerario, Pinochet.

*Grafitti s en Valparaíso

jueves, 7 de mayo de 2009

Grafitti is not a crime













México a la distancia II. Las Muertas de Juárez a la corte



I.

Afortunadamente en México, a diferencia de otros países de Latinoamérica, a partir de que terminó la revolución en mil novecientos treinta y tantos, y hasta bien entrado el arranque del siglo XXI, hemos gozado de paz social.

Este fue por mucho tiempo una declaración que en México esgrimió el PRI --el partido dominante por más de setenta años--, para justificar las bondades de su permanencia en el poder. Una afirmación posicionada con mucha fuerza en la cabeza de la mayoría de los mexicanos, ya que buena parte de nosotros podría suscribirla y citarla, sin pestañear.

Y es que en efecto, de alguna forma, en el fondo de la conciencia de todo mexicano existe el consenso de que debido a quién sabe qué gracia, nos hemos salvado del terror de muertos, torturados y desaparecidos que han tenido que soportar nuestros vecinos, cuya historia reciente se escribe en términos de dictaduras, guerras y guerrillas.

Y en términos generales uno podría continuar viviendo en esa inopia ciudadana si no fuera porque, como relámpagos que irrumpen en la oscuridad de la noche, emerge de vez en cuando algo que muestra que el cuento que nos contamos sobre la paz social no cuenta todo lo que ocurre en nuestro país; voces que nos cuentan que a nuestro país lo cruza igual la violencia, aunque no sea la violencia de balas y bombas.

Voces de los zapatistas en San Cristobal, de los campesinos en Aguas Blancas, de las mujeres en Ciudad Juárez.

Voces que hemos dejado atrás en nuestro recorrido por América Latina y que no esperábamos encontrar en pleno Santiago de Chile.

II.

Así la llegada de “el primo” –Jorge Calderón—a casa de los De la Torre Aguirre, donde nosotros nos hospedábamos, no sólo vino a abarrotar el ya de por sí hacinado departamentito de nuestros anfitriones, sino que además, modificó el destino de nuestras exploraciones por la capital chilena.

Como miembro de la fiscalía de la Corte Internacional de Derechos Humanos, Jorge vino a Santiago a participar en la sesión itinerante fue programada a principios de mayo en la Antigua Cámara de Diputados. En ese recinto que desde la época de Pinochet se reserva a eventos extraordinarios se desahogaría un caso paradigmático de violación a derechos humanos, por sus implicaciones de: Las madres de tres muchachas asesinadas en un campo algodonero en Ciudad Juárez, contra el Estado Mexicano.

Jennifer y yo escuchamos con avidez de investigadores – como si fuéramos Julia Roberts en el Pelikan Brief, o Tom Cruise en A few Good men— la cátedra que Jorge dictó desde el pequeño asiento trasero del jeep gris Oxford que Joaquín De la torre conducía rumbo a la Viña Casas del Bosque.

“El juicio va a ser igual que en las películas. Es un juicio oral que tendrá lugar en dos días distintos. El primer día se escuchará el testimonio de las partes: las madres, que seguramente compartirán una historia muy emotiva y llena de dolor; y el Estado Mexicano, que seguramente tratará de mostrar que no existe negligencia y que ha habido avances significativos en la impartición de justicia. El segundo día habrá cuestionamientos cruzados y declaraciones finales de las partes. Al final los jueces harán preguntas que deberán ser aclaradas en vivo, o bien en los alegatos escritos que anteceden a la sentencia.”

“A pesar de que el caso se explicará por sí mismo, conviene que tengan el contexto completo del las muertas de Juarez”. Y así, Jorge nos dio una perspectiva amplia sobre el feminicido en cuyo estudio ha estado involucrado desde hace varios años.

Hasta antes de los noventas, Ciudad Juárez era un pueblo fronterizo mexicano como cualquier otro. Permeaba el mismo machismo latinoamericano que asigna a los hombres una jerarquía superior a la de las mujeres, al tiempo en que las limita a ellas a roles que reproducen la dinámica de sometimiento, confinándolas siempre a un lugar secundario, doméstico y de servicio.

Sin embargo, con la llegada y expansión de la industria maquiladora, inició un proceso económico que transformó el desbalance estructural y universalmente aceptado de las relaciones sociales entre hombres y mujeres. Por un lado, la industria empezó a contratar mujeres por ser más dóciles, cumplidoras y productivas que los hombres; y por otro, la crisis económica agudizó el desempleo entre los hombres.

No pasó demasiado tiempo antes de que empezaran a aparecer manifestaciones de odio frente a las mujeres.

Las primeras desapariciones y homicidios datan de 1993. Al principio la tragedia se concentra en un grupo social definido -- prostitutas y sexoservidoras. Pero no pasa demasiado tiempo antes de que el siniestro se extienda y –aprovechando la precaria infraestructura de transporte, iluminación y seguridad que existe en la ciudad— las mujeres que trabajan en las fábricas, se conviertan en blanco. A los pocos meses, el feminicidio avanza de forma apabullante: en Juárez, cualquier mujer puede fácilmente terminar violada, mutilada, muerta y abandonada en algún páramo frío y desierto.

La problemática se configura también por la falta de respuesta de parte de las autoridades, que durante poco más de diez años, insisten en que las muertes y desapariciones son casos aislados. El caso más controversial lo representó el gobernador del estado, Francisco Barrio, un conservador que durante su gestión justificó los asesinatos con argumentos tales como el decir que las mujeres eran responsables de su desgracia por vestir minifaldas y acusarlas de llevar una doble vida. El funcionario llegó al extremo de decir que el número de desaparecidas y muertas estaba en parámetros de normalidad.

Declaraciones que permiten calibrar el contexto de impunidad que sin duda también contribuyó a la violencia, que hasta la fecha ha generado cuatro mil desaparecidas y más de cuatrocientos casos de homicidio.

De los que, por otra parte, sólo un porcentaje menor ha sido resuelto, como Jorge explica en el documento Seeking Integral Reparations for the Murders and Disappearances of Women in Ciudad Juárez: A Gender and Cultural Perspective que publicó recientemente en el Human Rights Brief de la American University.

Ahí explica cómo México, al suscribir varios tratados internacionales se sujeta a los más altos estándares de justicia, que implican un abordaje integral en la solución de los casos y reparación de los derechos a las víctimas directas –las desaparecidas y/o asesinadas—, indirectas –las madres o los hijos— y de grupo –las mujeres de Juárez, en este caso.

Reparaciones que van desde la restitución de derechos como el retorno al lugar de residencia para las madres que han sido hostigadas; la compensación en dinero y en especie por las oportunidades perdidas por ejemplo para los hijos de las muertas; el cuidado médico y psicológico como en este caso debiera otorgarse a las madres, para tratar los traumas sufridos; la recuperación de la dignidad de las víctimas que va dese la solución del caso hasta la realización de memoriales; y la no repetición de los siniestros, que implican por ejemplo la educación en derechos humanos para los grupos vulnerables.


III.


Jennifer y yo asistimos al segundo día del juicio.

Después de registrarnos con los carabineros en la entrada, entramos al salón de audiencias, en donde estaban por empezar las actividades del día con toda la solemnidad del caso. Nos pusimos de pie junto con el resto de los presentes – según lo ordenó con una voz firme un personaje de negro—, mientras los jueces pasaron al salón a ocupar sus lugares, enfundados en sus togas oscuras.

Entonces, con tremenda vehemencia e indignación, las abogadas que representaban a las madres, sintetizaron su caso en veinticinco minutos.

Contaron la terrible impotencia de sus representadas cuando los judiciales que las recibieron inicialmente en el ministerio público se negaron a tomarles la declaración cuando sus hijas estaban desaparecidas. Contaron cómo las reconvinieron para regresar a las setenta y dos horas, tiempo suficiente para descartar que anduvieran con el novio, para que entonces si se levantara un acta formal. Contaron la rabia que sintió una de las madres cuando socarronamente uno de los judiciales incluso sentenció que ella debería vigilar más cercanamente a su hija, pues “las niñas buenas están en su casa y las niñas malas están en la calle”. Contaron la desesperación de las madres, que sabían que esos tres días eran claves para encontrar a sus hijas, si es que todavía estaban con vida.

Contaron la perplejidad con la que las madres recibieron la terrible noticia del hallazgo de los cuerpos de sus hijas, desnudas y torturadas hasta dejarlas irreconocibles, en medio de un campo algodonero en Ciudad Juárez. Contaron cómo apenas hace dos años, gracias a la participación de un equipo argentino de medicina forense, pudieron confirmar la identidad de los cuerpos.

Contaron que en lo que va de la investigación las autoridades han señalado a nueve personas distintas como responsables del asesinato, de tal forma que a estas alturas, para las madres, los juicios del estado carecen de credibilidad. Contaron los tormentos nocturnos de las madres, a quienes en el insomnio siguen asediándolas las mismas preguntas desde hace ocho años: ¿Quién mató a sus hijas? ¿Cómo las mató? ¿Fue uno o varios asesinos? ¿Cuándo tiraron los cuerpos al campo?

Y encima de soportar la ineficacia burocrática de las autoridades han tenido que aguantar el hostigamiento, como que en lugar de investigar el asesinato se metieran a investigar su vida personal y a juzgarlas como niñas “muy vagas, muy voladas”; la negligencia en el manejo de pruebas, como el día aquel en que apareció una caja en el pasillo del ministerio público con el fémur, el pelo y la ropa de una de las fallecidas; y la ofensa que han representado las ofertas condicionadas de reparación, como cuando les dieron ropa usada como compensación.

Los veinticinco minutos de la parte acusadora terminan con una vehemente acusación de las abogadas: “Después de tanto tiempo sin solución, un crimen así sólo puede significar dos cosas: o existen agentes estatales involucrados directamente en las muertes; o son cómplices de los perpetradores.”

IV.



La tarea que enfrenta el Estado Mexicano para responder a las imputaciones se presenta como un desafío titánico. En principio, porque ya en la contrademanda escrita habían reconocido múltiples irregularidades iniciales en la investigación de las tres muertas de Campo Algodonero. Pero además, porque según la relatoría del primer día de juicio, en la fase de presentación de pruebas, el agente del ministerio público que compareció como testigo del estado en el interrogatorio, dio muestras fehacientes de su cantinflesca torpeza para hablar, y su evidente incapacidad para ligar dos ideas de forma lógica.

Sorpresivamente sin embargo, el Estado Mexicano deposita en la procuradora del Estado de Chihuahua, adscripción a la que pertenece Ciudad Juárez, más del 60% del tiempo para presentar los alegatos finales.

Y entonces, esta mujer bajita, pelirroja y entrona al más puro estilo norteño se planta desde su asiento y presenta con determinación de pastor protestante, evidencia dura de los resultados de su gestión: En cuatro años, 138 homicidios de los que la justicia arrastraba ignominiosamente han sido esclarecidos.

Y después, esta mujer que pronuncia Shihuahua en lugar de Chihuahua presenta una serie de argumentos para demostrar que después de años de negligencia, a partir del 2003, el Estado Mexicano ha dado pasos irrevocables para atender el caso de las muertas de Juárez: fiscalías especiales creadas, instituciones inauguradas, presupuestos designados, acciones de prevención, construcción de laboratorios en criminalística, coadyuvancia de expertos extranjeros, etc., etc.

Y también, por si eso fuera poco, afirma la procuradora, la reforma judicial integral que recién ha sido aprobada en México ha nacido en buena medida como producto indirecto de la conciencia que el caso de las muertas de Juárez ha representado para el país.

La procuradora termina de hablar.

Un desempeño elocuente, francamente inesperado.

Sin embargo es difícil tragarse el argumento. En parte porque sabemos que entre los funcionarios mexicanos una de sus mayores competencias consiste en presentar resultados increíbles en sus informes de gobierno. Y en parte porque todos –especialmente los que hemos experimentado la furia, el miedo o la desesperanza de ser maltratados por el ministerio público después de haber sido tocados por alguna desgracia-- sabemos que la justicia no puede existir en el microcosmos de estos personajes (demasiado alejados del universo fantástico que la procuradora ha reseñado) en donde funcionan como caciques de tierra sin ley que ponen más atención a la cotidiana torta de tamal y atole bien espeso que descansa sobre su escritorio, que al problema que el denunciante les plantea.

Y luego la última jugada del Estado Mexicano: Solicitarle a la corte se declare incompetente para escuchar y resolver asuntos vinculados a la Convención Interamericana de Prevención, Castigo y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres (Belem do Pará).

V.


La sesión termina con la intervención del los jueces, esos decanos respetables de cabellos grises, sentados en lo alto de una tribuna, que saben que la sabiduría es algo que surge ahí donde uno se sienta hombro con hombro junto a otro, a deliberar.

Hombres y mujeres acostumbrados a escuchar sin sorpresa las más horrendas atrocidades. Hombres y mujeres que hablan con una parsimonia inverosímil, que pronuncian las palabras con cuidado de orfebre, con detalle de relojero. Preguntas hechas casi con ingenuidad, pero detrás de las cuales palpita la fuerza de la verdad:

¿Podría El Estado Mexicano documentar los éxitos que ha expuesto la procuradora? ¿Podría El Estado Mexicano aclarar qué significa para ellos 138 casos esclarecidos a la fecha? ¿Podría el Estado Mexicano precisar cómo todos esos fantásticos avances se han expresado tangiblemente en el caso de estas tres mujeres muertas en campo algodonero? ¿Podría el Estado Mexicano señalar cuántos funcionarios públicos relacionados con los errores e irregularidades del juicio, han sido consignados a la fecha y castigados por el abuso en sus funciones? ¿Podría el Estado Mexicano ampliar el razonamiento de su petición de que la corte se declare incompetente para resolver asuntos de la Convención de Belem do Pará? ¿Podría el Estado Mexicano explicar cómo, sobre la base de una investigación inicial viciada, ha podido, como dice, reencaminar el caso?


VI.

La sesión se levanta.

La corte recibirá conclusiones por escrito y dictaminará en los próximos seis meses.

Seguramente la resolución final de la corte --a pesar de reconocer los avances que el Estado Mexicano ha tenido--, lo conminará a ampliar el campo de acción en contra de la discriminación a las mujeres y a fortalecer la ejecución, la efectividad y vinculación de las acciones en la cotidianeidad de los asuntos judiciales.

Seguramente también, en el caso en particular de Campo Algodonero, la corte señalará al Estado como responsable y lo condenará a otorgar las más altas compensaciones y reparaciones para las madres de estas tres chicas muertas.
La justicia se habrá hecho. Sin embargo, quedarán en el aire las pregunta de siempre:

¿Cómo reparar la muerte de una hija? ¿Cómo curar el tormento de insomnios y malos sueños de años? ¿Cómo revertir el reflejo del miedo de años de indiferencia, abuso y hostigamiento de quienes se supone que están ahí para protegernos?

¿Cómo terminar con la discriminación y resolver el desequilibrio en las relaciones entre hombres y mujeres en Ciudad Juárez y en otros tantos rincones del mundo?

sábado, 2 de mayo de 2009

Estampas chilenas










Rumores antichilenos

  • De los bolivianos habíamos testificado el rencor que sienten hacia Chile por haberles robado el acceso al mar, hecho del que todas las noches se hace efeméride en la radio boliviana como introducción al himno nacional.
  • Los bolivianos nos contaron también que los chilenos les ofendieron al usurpar la paternidad del charango, un pequeño instrumento hecho con el caparazón de un quirquincho o un sauce llorón. Al parecer la ofensa ocurrió cuando el presidente Lagos le regaló a Bono un ejemplar del instrumento para agradecer su visita a tierra chilena. Años más tarde, cuando Bachelet visitó La Paz, Evo Morales eligió también un charango, en señal de elegante reclamo...
  • De los peruanos recibimos también una perspectiva amarga de sus vecinos, frente a quienes sucumbieron en la Guerra del Pacífico. Alguien nos contó que los leones de metal que solían adornar la plaza de armas de Lima, fueron extraídos de tierra peruana al final de la guerra por el ejército chileno y empotrados en Santiago, como tesoro-impuesto de guerra. Los leones mantienen su domicilio sangiaguero en pleno 2009.
  • Los peruanos también acusan a los chilenos de ser plagiarios. Por ejemplo, en lo que respecta a la invención de Pisco. Los peruanos acusan a los chilenos de haber inventado el nombre de un pueblito norteño para justificar la genealogía de la bebida que argumentan, es en realidad peruana.
  • Los argentinos, por su parte, los odian por haber apoyado a Gran Bretaña durante la guerra de las Malvinas, cuando los chilenos permitieron a los ingleses usar sus puertos y sus pistas como base militar, punta de lanza contra los vecinos al otro lado de la Cordillera de los Andes.
  • Los chilenos señalan en su descargo que no podrían haber actuado de otra forma después de que Argentina sistemáticamente les ha quitado a ellos una buena porción de la Patagonia y de lo que ahora es Tierra del Fuego, que originalmente les pertenecía.
  • Da algún paraguayo escuchamos indignadas quejas de la prepotencia de los chilenos, a quienes calificó sin rubor de indios con dinero.
  • Algún chileno autocrítico nos confirmó parcialmente esta mala reputación. Él la atribulle al mestizaje imaginario del orgullo de los mapuches --raza indígena que nunca fue conquistada por los españoles-- con la ambicióin de los extremeños ibéricos que condujeron la conquista de estos lares y cuya hambre de pasta (dinero), es insaciable.
  • Con ojos húmedos de nostalgia, un chileno autoexiliado nos compartió su perspectiva de que en efecto su país se ha ido a la mierda por este afán monetario, que los ha llevado depredar los bosques originarios y a vender una porción considerable de su territorio.
  • Dos amigos americanos nos compartieron su teoría de que el adusto carácter de los chilenos se debe en parte a que heredaron la parte más flemática de los ingleses y la más obsesiva de los alemanes.
  • Algún otro chileno nos comentó que todos los males en el carácter nacional se deben a la insularidad de este país que se encuentra aislado por los cuatro costados: el Desierto de Atacama al norte; las indomesticables tierras de la Patagonia al sur; el Oceano Pacífico al occidente y la Cordillera de los Andes al oriente.
  • En efecto, confirmó su pareja, el espíritu chileno es muy chocante, pues tienden a pensar que están en el centro del mundo... sin darse cuenta de que en realidad están al final de la tierra...
  • Dos amigos americanos, curtidos por el sentimiento antigringo que permea por todo el planeta, afirmaron sin ambajes que para ellos, toda esta mala vibra antichilena se debía en realidad a la envidia que les tienen el resto de sus vecinos latinoamericanos por su innegable prosperidad.
  • Hay quien, desde el más rampante pensamiento mágico, afirma que no en vano sobre el territorio de Chile se ha instalado el hoyo de ozono atmosférico...