jueves, 19 de julio de 2007

Declaración

He llegado a la conclusión de que por más que me guste mi vida actual -- mi trabajo de consultor, mi sueldo de director, mi departamento frente al parque de Tlacoquemécatl, la vida apacible en las caminatas diarias con Olivia alrededor del parque-- sólo seré la persona que quiero ser si me atrevo a dejar que varios sueños guardados para más tarde, para otros tiempos, se materialicen... Sólo estaré orgulloso de mí dejo que la aventura, que el ejercicio creativo, que la libertad del viaje me crucen más allá del discurso...

  • El sueño del Amor: si con algo he soñado en mi vida es con el amor: "ellos son dos por error que la noche corrige..." El viaje es una especie de luna de miel de un año con Jennifer. Pero no la imagino cursi. La imagino como sé que es el amor desde que estoy con Jennifer-- se construye cada día, se trabaja cada día con esfuerzo, con compromiso, con capacidad de sorpresa, con hacerse cargo cada quién de lo suyo, de reinventarse a sí mismo, de tratar de entender las diferencias. Se puede decir también de forma poética: "La búsqueda / asomarte /en el espejo /de mi rostro. El viaje / volcarte /en el risco /de mi cuerpo... (A.P., Existir, 2001) Sé que Jennifer es mi compañera de viaje, porque me amó cuando yo era menos que lo que yo puedo ser, y a pesar de mis constantes fallas preserva la capacidad de ver en mí el potencial que existe para devenir en más que lo que soy. ¿Qué puedo decir de ella? De sus capacidad de sueño y fantasía, de su cuerpo hermoso y largo como una península…
  • El sueño de Latinoamérica: Para mí nada ha sido más provocativo que Latinoamérica. Desde el caribe de los filibusteros de las tortugas del Salgari de mi infancia y mi adolescencia; el Buenos Aires de Borges y su Aleph; la Latinoamérica de Silvio y Pablo; la Memoria del Fuego de Galeano. Ahora caminaré por las mismas rutas, me tocarán las mismas aguas, me nacerán las canciones, me dolerán sus dolores, acaso en un sótano me me abra la puerta al infinito...
  • El sueño del escritor: Siempre he querido escribir. Intentos no han faltado. He tenido que luchar con diferentes vicios: la cursilería, el lugar común, el rebusque, el exceso, la falta de autenticidad, los últimos años, la falta de tiempo. Como quiera que sea, algún día, me topé con mi propia voz y me dí cuenta de que "escribo porque, como todos, me voy a morir; porque no quiero estar muerto hoy, cuando aún vivo; y, por último, para no estar muerto del todo, el día que muera." (A.P., Hombre, 2001). Así que ahora en este viaje me daré el lujo de cumplirme este sueño. Escribiré "El libro de los asombros cotidianos" con las estaciones que he venido cosechando desde hace tiempo: La función del arte, Selva de Asfalto, Humana Fauna, Claroscuros, Viajes del Corazón, Vocaciones.
  • El sueño del cuenta cuentos: A mí los cuentos me fascinan desde chico. Los cuentos están cerca de la memoria de mi papá: Rikitikitavi de Kipling; los cuentos que inventaba de Orutra y su hermanita Alrac; las historias de su vida. Después, explicando la lección de historia a las amigas de la prepa, contando chistes, en las clases de catecismo, me volví yo también un poco cuentero. Me empezaron a pasar cosas simpáticas que contar -- los desencuentros con mi suegra, las desaveniencias a la hora del baile, el día que atropellé a un policía... Me volví también el hombre de un solo cuento: John Heartman... El viaje se abre para seguir contando cuentos, ahora junto con Jennifer: trasladar la magia de un lado a otro, encender la imaginación, convocar la emoción, fomentar la introspección en quien escucha.
  • El sueño del viajero: Acaso una de las frases que más me han marcado es una que me dijo Rocha, mi primer psicoanalista, a propósito de mis temores -- las veces que no defendí mi sitio a lado de la mujer que amaba, las veces que no besé a la mujer que me gustaba – (Quizá deba admitir que con todo y que he mostrado coraje en muchos momentos de mi vida, frecuentemente mi discurso ha ido más lejos que mis acciones.) Citó al Cielo Protector de Paul Bowles: Hay dos tipos de hombres en el mundo, dos aproximaciones posibles a la vida: turistas o viajeros. El turista lleva un itinerario prefabricado. Va cómodo. Seguro. Visita los ´monumentos´ importantes. No deja nada suyo en el sitio que visita y, en realidad, no lleva nada de vuelta. Nunca abandona realmente su casa. El viajero... el viajero, en cambio... nunca sabe si volverá." Este viaje es pues la oportunidad de que la acción supere al discurso, me convoca a vivir, a estar más allá de las cárceles de la cotidianeidad, del script de una vida fabricada en línea y cuyo misterio está agotado desde el día cero. Me convoca a no dejarme ahogar en medio de las comodidades de la seguridad; me convoca a recordar que la vida se vive en presente, que se revitaliza cuando estamos en contacto con la maravilla.
  • El sueño de la transformación interior: Está claro que estoy cerrando un ciclo en esta fase de mi carrera, que ha sido intenso, entregado, exitoso; que no aspiro a ser el Office Manager, ni el líder global de consultoría de HayGroup; que no imagino una vida encerrado en aviones. Está claro también que se me mueven otras mil inquietudes por dentro (destaca el deseo de formular un proyecto educativo). Es un espacio para olvidar, para vaciarme un poco de lo que he aprendido, dejar que se asiente, que madure y se decante. Es un viaje para ir hacia adentro, para conocerse a través de la acción, de nuevas experiencias. Este viaje es una oportunidad para abrirse a otras experiencias, a otros estímulos, a otras ideas. Una oportunidad de cuestionarse, de reinventarse, para trazar esbozos de nuevas vidas posibles. Es un viaje para renovar la perspectiva, para fortalecer la energía para reemprender.

1 comentario:

Unknown dijo...

Perseguir el sueño.
La experiencia no llega sola, hay que ir tras ella.
Si un sueño arribó a ustedes, vayan tras él y aprovechen para atrapar la experiencia.
Bendeito momento el de ustedes: salud, juventud, libertad, solvencia. Es ahora. Mañana, Dios dirá.
Les deseo que los caminos los acerquen, los hagan sensibles, los humanicen, los cansen, los agoten, los hagan sonreir. Que los caminos los lleven y luego, los traigan para que compartan con nosotros lo que antes sus ojos se reveló.
Sólo lamento una cosa: no tener las circunstancias para poder hacer maletas y partir con ustedes.
Y si alguno de mis relatos les resultan contables, láncen al mar la botella. Tal vez alguien la recoja.
Un abrazo y mi corazón va con ustedes.
Rosana Lecay