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sábado, 30 de mayo de 2009

El aura mítica del asado argentino

A mi padre, a mi hermano Ernesto
A Carlos y Manolo -- mis primos--,
y a todos los viejos amigos
con quienes pronto tendré el gusto
de honrar a los nuevos amigos argentinos
con un buen asado y vino tinto
en casa, en el México de mis amores


Los asados argentinos están rodeados por un aura mítica.

Como con casi todo lo que les apasiona, los argentinos los mercadean como como algo superior y único. Al punto que alguno de ellos me hizo saber que cuando salen de su país prefieren no probar carne (aún si esta fue cocinada en parrillas de la diáspora argentina) por no desilusionarse. O a lo mejor, para poder seguir sosteniendo la integridad de este mito…

Como quiera que sea es posible que el mejor sazón de la carne sea el halo verboso con que se le sueña. Porque habrá usted de saberlo, querido lector. Los argentinos nacen con un decálogo para asar carne integrado al ADN.

Así pues, Leo, Colo y Ale del Hostal Triskel de Mendoza, primero; y Jorge y Sandra de la Cabaña Las mariposas de Villa de Merlo, después, fueron nuestros guías en este emprendimiento exploratorio de la gastronomía gaucha:

He aquí los hallazgos:

1. En la previa establece el tono del asado.



La previa al asado es importante. Aquí es donde los Argentinos mientras preparan el fuego o disponen la carne cerca del asador discuten, entre amigos y cerveza en mano, el tema álgido de la semana. Según logré captar, como para darle sal y pimienta a la charla, lo argentino es ser capaz de mantener una sutil oposición a los interlocutores. Aunque a mí me pareció que su concepto de sutileza es demasiado vociferante e histriónica como para ser así.

En la previa a mí me dio por pisarle los callos a los aficionados de Boca y asegurar que Riquelme –que algunos consideran un crack— es el último jugador que yo escogería para mi equipo, porque la soberbia actúa en sentido contrario a cualquier talento que uno pueda tener. Y esa actúa sobre todo en los momentos más definitivos en contra de las aspiraciones del equipo. O afirmar también que Maradona no tiene nada que hacer como seleccionador nacional. Que no ha hecho ningún mérito como técnico y que el tiempo terminará cobrándoles su necedad.

En el caso de Riquelme hay algunos que toleraron mi disensión y hasta la apoyaron. En el caso de Maradona, ninguno. Aseguran que el Diego es el único que puede controlar a todas las estrellas del equipo. Voltearlos a ver a los ojos y decirles con autoridad: “¿Tú ya fuiste campeón del mundo? ¿Ah, no? Entonces pibito, mientras no lo seas, yo soy el que manda aquí…”

2. El asador y el psicoanalista son las dos profesiones más solitarias del planeta.



Hay que asumirlo también desde el principio: el asador está básicamente solo.

Ese es sin duda el costo que tiene el privilegio de decidir, mandar sobre la parrilla y picar directamente a destiempo.

Está solo porque en general el asador se encuentra lejos de donde ocurre la reunión para evitarle a los invitados la experiencia del humo. Es un rol, el de asador, en el que las risas y los murmullos de las pláticas se escuchan a la distancia.

A lo sumo a el asador se le acercan los niños y los perros.



3. Un buen fuego es indispensable.

No hay quien al mirar el fuego no sienta un asombro primordial, dijo Borges en algún sitio. Esa misma magia visual es la que el asador debe convocar ahora sobre las propiedades térmicas del fuego.

Para hacer un buen fuego hay quien usa carbón liviano, sobre todo en la capital, pero los más ortodoxos utilizan leña. La leña que uno escoja, me explican, ayudará a darle sabor a la carne. Álamo o Algarrobo es algo que se consigue fácilmente. Jarilla es quizá la que mejor funciona, pero su uso está prohibido desde hace años.

La forma de encender la leña es importante. Terminantemente prohibido rociar el carbón o la leña con líquidos combustibles (kerosén, nafta, etc.) --como tristemente hemos heredado algunos del BBQ gringo-- pues son tóxicos y además darían al traste con el sabor de la carne. Un argentino que se precie de serlo rechazaría sin probar una carne que hubiera sido cocinada con un fuego en el que algún derivado del petróleo tuvo algo que ver.

El fuego debe prenderse con paciencia y a la antigüita, como boy scout. Con papel periódico y cerillas.

Una vez que las brasas están al rojo vivo –como a los treinta minutos--, con la ayuda de una palita, se esparcen de forma uniforme debajo de la parrilla que ha sido previamente limpiada con papel periódico. Brasas mal encendidas perjudican también a la salud, recitan en letanía nuestros amigos como si eso lo hubieran aprendido en el primero de kínder.



4. Hay que tomarse el tiempo y hacerse desear.

Como si emplearan técnicas de seducción, los argentinos pregonan que un buen asado debe ser “esperado” por los comensales, y no al revés.

Así que no hay que apresurarse.

Antes de poner la carne hay que asegurarse de que la zona parrilla está bien caliente y que la cantidad de brasas sea la adecuada. Generalmente el área que cubren las brazas debe exceder el área de la parrilla.

Lo argentino es ser obsesivo en relación con el proceso de cocción. En general el tiempo que la carne esté sobre la parrilla es directamente proporcional a su efectividad. Sin embargo también sostienen que con demasiado calor, la carne se “arrebata” (se quema por fuera y queda cruda por dentro) y con poca temperatura, se “apuchera” (es decir, adquiere la textura de la carne hervida).

Para lograr el efecto deseado la regulación de la cantidad de brasa es fundamental. Es mejor ir de menos a más. Eso implica tener siempre más brasa preparada a un lado.

5. El partido con la carne se empieza a ganar en la preparación.

Antes de empezar la cocción la carne debe ser salada con sal parrillera o gruesa. Para los chinchulines, es mejor la sal fina. Las carnes de cocción rápida se salan con sal fina al momento de darles vuelta. Las mollejas se dejan macerando en jugo de limón desde la noche previa.

Por cierto, que hay que calcular aproximadamente medio kilo de carne cruda por persona (aunque después cada uno terminará comiendo menos que eso, por el agua que perderá la carne, y al desechar grasa y huesos.

El secreto del sabor está en buena medida en la grasa que hay que dejar íntegra a la hora de asar, pero que hay que quitar a la hora de comer.

6. El manejo en la parrilla requiere pericia y paciencia



Lo primero que se pone en la parrilla son las achuras (con calor moderado y constante).

Luego, el pollo en un rincón, con pocas brasas para una cocción lenta.

Y por último, los cortes grandes de vacuno (asado de tira, vacío, etc.) con calor constante y moderado.

Un bife de chorizo, por ejemplo, toma ocho minutos del primer lado y una cantidad variable para conseguir la consistencia deseada: 7 minutos para un bife “jugoso”, 10 para uno “a punto” y 12 ó 13 minutos para los que lo prefieren “bien cocido”.

Conforme la carne se va haciendo, se encoge y va liberando espacio en la parrilla, de tal forma que al final toda el área se ocupa.

La carne no debe marearse, es decir, darle vueltas y vueltas. Primero se debe cocinar un lado (por lo general el de la grasa o el hueso). Y luego tenerle paciencia y sólo voltearla cuando esté lista.

7. Servir se escribe con "P" de pausa



La ensalada y el pan acompañan. Vino tinto, especialmente si es de los viñedos de Mendoza es mandatorio.

La tradición indica que primero se sirven las achuras y al final se sirve la carne vacuna.
Se sugiere servir en porciones pequeñas, para que la carne esté siempre caliente. Hay quien sostiene que un buen asado se come al pie de la parrilla, para mantener siempre la carne a punto.
Conviene además haber asado carne a distintos puntos de cocción, para satisfacer todos los gustos.

Argentinamente se admite que las mujeres se acerquen a la parrilla para pedirle al asador algún retoque para su carne. No así los hombres, que se comen lo que se les sirva sin chistar. Y si tienen alguna observación o crítica, se la guardan para cuando a ellos les toque ser el amo y señor de la parrilla.


8. Y al final, soltarse y disfrutar

Y al final, cuentan los argentinos, si el asador ha hecho bien su papel, se hace merecedor de un aplauso.

Sin embargo el aplauso es lo de menos, pues –ese saber no es exclusivo de los argentinos-- pocas satisfacciones hay como la de complacer a otros y crear pretextos regulares para juntar a los amigos.


* Recuerdos vagos del capítulo de Meneses sobre el Decálogo del Asador en Vida de una vaca; y el decálogo que Siga la Vaca publica en su página de internet fueron valiosas fuentes para escribir este texto.

viernes, 29 de mayo de 2009

Vida de una vaca


De todas las metodologías que existen para hacer una investigación, la denominada investigación participante es la que me resulta más atractiva desde siempre.

A esa forma académica recurrió por ejemplo el sociólogo Hector Carrillo Berthier, responsable de haber desvelado en México el entramado de la mafia de la basura. Lo consiguió empujando primero un bote con ruedas y una gran escoba por las calles, y luego consiguiendo treparse al camión recogedor durante varios meses, hasta mimetizarse con los pepenadores y la maraña de los tiraderos.

Así se hizo famoso también el gringo aquel que estuvo a punto de causarse una cirrosis irreversible a punta de papas fritas y hamburguesas de McDonald´s a lo largo de un mes para demostrar la nocividad que tiene el abuso de la comida rápida.

Y quizá en parte esa misma estrategia es la que tanto Jennifer y yo hemos elegido para escribir este blog, que no es otra cosa que un pequeño laboratorio de todo lo que suscita el viaje en una pareja que ha elegido por un año, experimentar una vida nómada, creativa y curiosa del paisaje latinoamericano.

Sin embargo, como ya lo dice el título de la entrada, no es ninguno de esos casos, sino La vida de una vaca lo que me lleva a citar esta alternativa metodológica.

Vida de una vaca es el título de un libro que Jennifer y yo recién leímos. En él, su autor, Juan Pablo Meneses, da cuenta de una de las industrias más importantes de la Argentina: la industria cárnica. Y como para no hablar de oídas y poder dar cuenta informada de cada uno de los eslabones de la cadena de la carne –desde el nacimiento de la vaca hasta su destino ulterior en el asador—, compra una vaca y le da seguimiento durante los tres años que le toma al becerro engordarse y estar listo.

Ahora que en Argentina hemos ido de parrilla en parrilla paladeando chinchulines, vacíos, asados de tira, morcillas y bifes de chorizo, viene a cuento recordar algunas de las ideas que Meneses comparte en su libro delicioso.

Van a salto de mata:

  • Una vaca es una máquina viviente que transforma el pasto en carne.
  • En Argentina la carne es tan buena, en parte, porque las vacas tienen vida de reinas. A diferencia de las granjas industriales que hay en otros países para hacerlas crecer, en Argentina las vacas pastan a campo abierto.
  • El segundo factor que incide del sabor de la carne es el proceso del asado. Los Argentinos odian la forma en que la carne se cocina en otros sitios pues dicen que sabe “hervida” en lugar de asada.
  • El corte preferido por los argentinos es el Asado de Tira, que es una sección del costillar.
  • De la vaca se utiliza todo, la carne, la piel, las entrañas, los huesos, el cuero, los cuernos...
  • Un argentino promedio consume 91.5 kilos de carnes por año mientras un consumidor "mundial" promedio sólo consume 39 kilos por año. Casi sería apropiado decir que para los Argentinos la carne es un producto de la canasta básica.
  • Hay quien afirma que entre los latinoamericanos los únicos que han ganado mundiales de futbol son los brazileiros y los argentinos justamente porque su consumo de carne es superior a la de sus congéneres. Se toma esto en parte como la prueba de que la proteína animal es superior a cualquier otra fuente de proteína.
  • Los gauchos, cuya dieta tiene altos niveles de consumo de carne, son una de las poblaciones con mayor incidencia de enfermedades como la artrosis.
  • En Argentina hay un canal de televisión para el sector. Se llama Rural. Se transmiten en vivo las subastas de carne. Los periódicos también tienen un suplemento para todo lo que ocurre en el campo. Las vacas ocupan un buen porcentaje de la información de esta sección.
  • En Argentina la cotización del kilo de carne en el mercado de Liniers es tan importante como la paridad del cambio del dólar. Es un termómetro de estabilidad social.
  • Existe una permanente tensión entre el gobierno y la industria cárnica con respecto a los precios del kilo de carne. Dado que en el exterior –Estados Unidos y Europa-- es factible vender la carne un precio realmente atractivo, el industrial está interesado en posicionar la mayor parte de la producción en los mercados de exportación. Esto tiene un doble efecto: menos carne para satisfacer el abasto local y carne a precios más altos para los argentinos, lo que tiene constituye riesgo de hacer prohibitivo su consumo para los más pobres. Los industriales argumentan que al apreciar el precio de la carne, la industria crece, lo que permite asegurar ofrecer empleo competitivo a un mayor número de personas, que a su vez tendrán un rol activo en la economía como consumidores. Dada la importancia que la carne tiene entre los argentinos el gobierno tiene un interés contrario al de los industriales: que consiste en maximizar el abasto local a precios lo más bajos posibles. El gobierno se presenta así como el adalid de sus electores y asegura una cuota de votos de forma más o menos populista. Sin embargo entre más justo sea el precio de venta, los márgenes de maniobra para los jugadores del los eslabones de la cadena se reducen, constituyendo así de facto, una situación propicia a la consolidación de la industria en pocos jugadores que tienen escala y cintura financiera, como es el caso de los grandes Autoservicios en Argentina (entre ellos Carrefour), que comercializan en su conjunto un importante porcentaje de las ventas totales del sector.
  • Los últimos años esta tensión ha crecido de manera importante. Cristina Fernández de Kishner se ha dado sus encontronazos no sólo con los industriales de la carne, sino también con los agricultores y la industria de los lácteos. Según se perfila hacia adelante, ese será el nudo singular que definirá el destino histórico del proyecto político de los K.
  • La tecnología que existe actualmente en los rastros para matar a las vacas ha evolucionado a tal grado que ha conseguido minimizar el sufrimiento de los animales. A las vacas les dan un golpe certero en el cerebelo que hace que sigan vivas sin sentir los últimos minutos de vida.
  • Mientras Juan Pablo Meneses escribía su libro y publicaba artículos parciales del avance del proyecto, la opinión pública se polarizó entre los que deseaban que matara a la vaca y los que deseaban que la dejara con vida. Entre los defensores de la vaca había sin duda algunos vegetarianos. Otros argumentaban que una cosa es comerse una vaca anónima, y otra es comerse una vaca que tiene un nombre (Meneses la bautizó como la Negra), pues ese nombre la humaniza, como si se tratara de una mascota.
  • Sin embargo es difícil hablar de las vacas como mascotas. Si bien tienen una docilidad increíble (se aplican a su tarea de engordar con rigor de estudiante becado— son también de una estupidez emocional significativa.
  • El dato que más me impresionó de la lectura del libro de Meneses, consiste sin embargo, en que todas las vacas ulteriormente se convierten en alimento. Las que no van a parar a un asador y son comidas con honor, terminan como materia prima para comida de gatos y perros…

Aún así queda la pregunta y la invitación a leer el libro: ¿Usted, querido lector, qué hubiera hecho en el lugar de Meneses? ¿Mataría a la vaca o la dejaría vivir hasta el final de sus días? ¿Se hubiera dejado ganar por su espíritu gourmant o por su compasíon animal?

Madres de Plaza de Mayo


Llevan treinta años reuniéndose cada jueves por la tarde en Plaza de Mayo.

Treinta años marchando, protestando, esperando.

Marchan porque la dictadura les desapareció a los hijos.

Usan un pañuelo alrededor de la cabeza para identificarse. El pañuelo está hecho de gasa de pañal de bebé. De la misma que envolvieron a sus hijos en su más tierna infancia.

Algunas han terminado por aceptar que los hijos están muertos. Otras, aún, se niegan a esa posibilidad.

Marchan para que se castigue a los criminales.

Marchan para que no se olvide.

Marchan para diluir, juntas, el dolor.

“El dolor, cuando lo has conocido te lo llevas adentro como un sello. El dolor se acerca al absoluto mucho más que la felicidad. Por eso quizás algunos no pueden vivir sin él. Logra poseernos enteros, entra en los huesos, en las junturas, modifica el ritmo del corazón y del respiro. La felicidad va y viene, se pierde en miles de ríos, desparece antes que podamos agarrarla y nos cuesta, luego, acordarnos de ella. El dolor se te pone en el corazón como una piedra.”

Clara Romanó, Rebeca











martes, 26 de mayo de 2009

Bienvenidos a la Gran Ciudad


Dos días después de haber llegado a Buenos Aires (en nuestro primer paso por ahí) salimos a tomar unas cervezas por el barrio de Palermo Soho con Chimi y Agnes.

Caminamos por la banqueta con un revoloteo de charlas a cuatro voces.

De pronto se hace el silencio.

Lo que ocurre a continuación pasa tan rápido que la percepción se fragmenta en imágenes separadas, como hoja de contacto en fotografía, pues el ojo es incapaz de captarlo como una secuencia integrada.

Un muchacho, a escasos diez metros de nosotros, pasa a toda velocidad en su bicicleta. Se va directo sobre una chica que está parada en la esquina, hablando distraída por su teléfono celular. Le pega un cachetadón en mejilla, nariz y pómulo que le hace soltar el aparato. El tipo lo recoge y se prepara a escapar en desenfrenada carrera, a golpe de pedal.

Casi instantáneamente, con la misma inercia del sprint, otros que han presenciado la escena reaccionan y toman acción. Un grandulón que camina en sentido contrario por la acera y que tiene un mentón autoritario que pudo haber sido imaginado por Fontanarrosa en Boogie el Aceitoso, le cierra el paso al ciclista ladrón.

Como si le hubiera dado un golpe de timón al volante de su bicicleta, el muchacho hace un giro de noventa grados y se dispone a cruzar la calle. Un automovilista que también ha visto todo mientras estaba parado en el semáforo, acelera y le avienta el coche sin piedad al ladrón. La defensa del auto impacta la bicicleta y el muchacho va a dar al piso. En el impulso de la caída suelta el teléfono celular que se resbala sobre el concreto como moneda en rayuela.

El muchacho, recién aterriza en el concreto se reincorpora de un salto, como pugilista que ha tocado mil veces la lona y que tiene el instinto de rebotar y volverse a poner en pie para seguir recibiendo su dosis de golpes, pues sabe que mantenerse en pie es la única posibilidad que tiene de ganar. O de no perder. En la inminencia de ser atrapado, el chico abandona la bicicleta y sale corriendo en un pique de negro jamaiquino por la calle perpendicular.

El conductor de otro coche se arranca detrás de él. Hunde a fondo el fierro del acelerador y el coche ruge. El muchacho dobla a la derecha en la primera cuadra que puede. Lo perdemos de vista. El coche que lo persigue desaparece también en el recodo de la esquina.

La atención regresa a la chica que fue asaltada. Para este momento ya hay diez hormigas gregarias rodeándola que han salido de los negocios cercanos para ver qué ha pasado. Le preguntan si está bien. Le ofrecen ungüentos y cremas para apagar el incendio que el golpe le ha dejado en el rostro. La consuelan. Una muchacha le devuelve el celular que recogió de la boca de una alcantarilla, hasta donde había rodado. La chica lo recibe con un puchero de niña de cuatro años a la que se le escapó un globo.

Mientras tanto veinte mirones polemizan argentinamente sobre lo que ha pasado. Un bigotón que luce una boina y que salió de un café dice con una vocecita de tonos agudos que la ciudad sha no es lo que era. Una vieja que pasea a su perrito asiente y afirma que sha no se puede caminar por este barrio como en otros tiempos. El carnicero que luce un gran delantal manchado de sangre concluye que la tranquilidad de otros tiempos se ha ido al canio.

Se dispersa la comitiva. La calle se va quedando vacía. Con los árboles mudos como testigos.

Nosotros, los cuatro mexianos, continuamos nuestro recorrido.
La escena del robo no es para nosotros nada fuera de lo común, acostumbrados desde hace años a una violencia que en la Ciudad de México con mucho excede la escena de gamines que acabamos de presenciar.

Lo que sí es nuevo y emociona, es la reacción de la gente. La respuesta de los porteños que a pie firme defienden su territorio. Su no indiferencia. Su solidaridad. Su arrojo para atajar al ladrón. Su protagonismo para decir, en los hechos, que no están dispuestos a que nadie les secuestre la calma.

lunes, 25 de mayo de 2009

En la estela de la dictadura: Impresiones y enigmas

1.

Nos cuentan los amigos mexicanos que están radicados en Santiago que en su experiencia, cuando se les pregunta a los chilenos en qué medida consideran que la dictadura los ha marcado, se aprestan a responder que la época de Pinochet no tiene mayor peso en la forma en que viven actualmente o en la manera en que se comportan; que es algo hace tiempo enterrado en el pasado y que está totalmente superada, pues.

Y es que no sería difícil entender que los chilenos tuvieran prisa para hacer lo que esté a su alcance por desaparecer el rastro de ese tiempo de pesadilla de su cotidianeidad, como si se tratara de un mal sueño que quieren olvidar.

Sin embargo, frente a la conjura silenciosa de esta pesadilla, mi deformación profesional me lleva a pensar que lo que no se habla, se actúa; lo que se reprime, aparece como síntoma.

Y hay una serie de datos en la fenomenología de la sociedad chilena que hacen pensar que, en sentido contrario a lo que se sostiene públicamente, los tatuajes de que la dictadura son visibles en la piel de este pueblo.

2.

Chile es el país latinoamericano que registra un más alto índice de enfermedad mental.

Esta afirmación la encontramos en una revista especializada de psicología que citaba datos de la OMS a propósito de que 50% de la población chilena ha sido diagnosticada con algún padecimiento de carácter psicológico.

Dato que –aunque debe ser matizado por los sesgos propios de la información que emana de la agencia internacional— no deja de ser impresionante.

Como es impresionante también caminar por las calles de Santiago y constatar que en esta ciudad (igual que en otras por las que pasamos en nuestro trayecto) hay literalmente una farmacia en cada cuadra.

Farmacias en donde el producto más demandado es el Altrulín, un antidepresivo cuyo ingrediente activo es el mismo que el del Prozac.

3.

Le pregunto a José Luis Mellado –el único lugareño con el que realmente convivimos y platicamos durante nuestra estancia en Chile— a qué se debe esto en su perspectiva. Contesta sin vacilación, como si lo que le he preguntado fuera un dato conocido entre los chilenos:

“Y claro –dice Mellado, que no duda en afirmar el carácter social de la enfermedad mental— los chilenos toman antidepresivos pues es la única forma de bancarse la asfixiante realidad de las deudas que cargan a cuestas. Sólo para que tengan una referencia, la deuda promedio del chileno es de siete mil dólares.”

Y es que para Mellado la herencia trágica de la dictadura --a quien considera la forma que en Chile cobró el más grande proyecto neoliberal de la historia--, es la construcción de un andamiaje social que ofrece como única forma de vida la montaña rusa de consumo, crédito, deuda y trabajo enajenante.

Aquí, por ejemplo, cuando a uno se le agotó el dinero de la cuenta bancaria, automáticamente el sistema le otorga, sin aviso de ninguna especie, un crédito. Así antes de que uno se dé cuenta –pues nadie le pidió su anuencia en la transacción—, ya está embarcado en un viaje, sobre un vehículo desbocado, mientras el taxímetro de los intereses corre con absoluta indiferencia.

Aquí también, cualquier bien público es susceptible de ser privatizado. Como el Río Mapocho, que cruza Santiago de Norte a Sur, y que recientemente fue comprado por la empresa que construyó la costanera…

4.

Me detengo en el texto apenas he comenzado.

No podría seguir hilvanando una tesis sobre esta fenomenología a pie firme. Cuento a lo sumo con impresiones que son insuficientes para formular una tesis.

Podría dejar de escribir y renunciar al texto.

Sin embargo aún tiene mucha inercia en mí todo lo que escuchamos sobre los chilenos.

Me doy cuenta de que la única forma de continuar hacia adelante es reconociendo la limitación que enfrento. Renunciando a la afirmación categórica. Aceptando que todo esto que escribo bien podría ser una ficción.

Hecha la aclaración, continúo, pues, entre signos de interrogación.

5.

Escuchamos que existe en el chileno un cierto reflejo conformista. Una cierta actitud resignada que acepta en automático el estado de las cosas y que se rinde a la realidad, que concibe como inamovible. Que el chileno es pronto a capitular frente a las circunstancias antes de desafiar los límites de lo conocido, a la voz de “Esto es lo que hay… y toca bancárselo…”

En caso de que un dato como este fuera cierto, ¿podría atribuírsele un rasgo tal a la dictadura? ¿Juega en esto algún papel la insularidad, que amolda la mentalidad de quien la vive a los límites que le impone su encapsulamiento?

Como quiera que sea, hay datos que sugieren que la dictadura hizo lo suyo.

Por ejemplo, entre la generación de quienes hoy tienen 25 y 30 años, es decir, los hijos de la dictadura, a diferencia de otros segmentos mucho más activos, se observa un escaso involucramiento y participación en el escenario público y en la dinámica electoral. De tal orden que no sería difícil interpretar ese signo como abulia política, efecto palpable de quien nació en medio de un régimen especialista en desincentivar cualquier iniciativa transformadora.

Otro dato que escuchamos en una sobremesa extrañamente citado mientras discutíamos el rasgo sobre el conformismo chileno: Chile es el país de Latinoamérica cuyos jóvenes tienen la mayor incidencia en el consumo de mota…

¿Una fuga?...

6.

Una anécdota a manera de metáfora:

Cuando inició el Transantiago (un sistema de transporte inspirado en el Transmilenio bogotano, equivalente al Metrobus mexicano), la mala planeación generó un caos de transporte. Había una sobredemanda. Todos necesitaban subirse al bus. Y sin embargo, los vagones nunca se saturaban al máximo de su capacidad. Los chilenos preferían esperar al siguiente bus antes que apretar el espacio. Antes que chocar unos con otros. Antes que tocarse.

“Al chileno le cuesta trabajo estar en contacto.” dijo el chilango radicado en Santiago que nos contó la anécdota. Reconoce, como para matizar, que su percepción está sesgada por la saturación y el amontonamiento con que se define el espacio público mexicano. “Los mexicanos chocamos unos con otros. Nos tocamos. La delimitación de nuestro espacio personal es difusa. En la masa nos confundimos unos con otros. Estamos acostumbrados a esa transgresión. Somos esa transgresión.”

Aceptado el sesgo, aquel amigo mexicano afirma que desde su perspectiva en los chilenos existe objetivamente un cierto carácter distante, una barrera invisible. Más aún, según él esa barrera fue instalada en la época de la dictadura.

Hace sentido. Las dictaduras separan. Atomizan.

Otro dato de sobremesa: Chile es el país latinoamericano que muestra un mayor índice de personas que mantienen fotologs.

Aquel amigo ve en esto una compensación: El contacto virtual sustituye al contacto real, cuerpo a cuerpo, cara a cara…

7.

Y es que no sería difícil suponer una desconfianza en cualquier sociedad que ha experimentado un periodo de dictadura, en donde el modus operandi consiste en instalar un terror de baja intensidad: cualquier cosa que digas puede condenarte; cualquier gesto fuera de lugar puede convertirse en una arbitraria acusación; cualquier disensión puede ser castigada con la desaparición.

Con sus estrategias de control, vigilancia y delación, las dictaduras se encargan de fabricar enemistades entre los vecinos.

Y es que para nuestros amigos mexicanos, algo de la lógica de control y coerción de aquella época se quedó petrificado en el espíritu chileno. Como si hubieran internalizado un cierto rol policial y un cierto sentido del orden, y lo trasladaran a las relaciones interpersonales.

Uno de nuestros amigos nos dice que el chileno vive con mucha ansiedad la mexicana costumbre de innovar y encontrarle la vuelta a las cosas: “Lo confrontan a uno nada más uno hace algo que se sale de la convención…”

Y puede ser. A nosotros nos tocó experimentar de primera mano una experiencia interesante. El día en que nuestros anfitriones ofrecieron una fiesta, un vecino habló a la policía para quejarse de que el volumen estaba muy alto. Los mexicanos que constituían el grueso del festejo se preguntaban, "¿por qué simplemente no tocó el timbre, directamente, y pidió que le bajáramos al volumen?" Hasta le hubiéramos invitado una chela…

Y es que los mexicanos –latinamente acostumbrados a transar con la circunstancia—, viven con extrañeza este rasgo chileno que parece extraído de un manual de disciplina prusiana.

Disciplina prusiana que parece permear en otros ámbitos de la vida chilena:

El gobierno tiene la facultad de controlar espacios que en otras sociedades serían estrictamente privados –como el patrón de consumo de los ciudadanos o su precisa localización en un momento dado— a través del uso de sistemas de tecnología de información.

Inscribirse al padrón electoral es una elección voluntaria. Pero si uno opta por darse de alta, tiene la obligación de votar. El día de las elecciones, en caso de no votar uno tiene que formular un aviso oficial y obtener una exculpa de los carabineros, lo que representa, naturalmente, una forma de control sobre un acto que frnte a ellos, debiera estar protegido por la libertad del anonimato.

Las marchas de protesta, --un acto cuya fuerza está justamente en transgredir el orden cotidiano--, deben obtener el visto bueno y programadas por la autoridad…

8.

A propósito de las marchas continúa el relato de nuestros amigos por acá: “No se tolera bien la disensión en Chile. Todo cobra de inmediato un tono demasiado serio. Demasiado crispado, demasiado radical. En las protestas, por ejemplo, a la primera de cambios, aparece la policía con sus tanquetas y sus mangueras de agua urticante.”

Así pasó en la denominada Revolución de los Pingüinos –una generación de estudiantes que reclamó a Bachelet una reforma educativa eficaz y la derogación de un marco legal educativo que veía de la época de Pinochet. Una generación que representa un despertar, un destello contra la premisa adaptacioncita (y muy chilena, según lo consignado al principio del ensayo) de que esto es lo que hay.”

En los días más álgidos de las manifestaciones de la llamada Revolución de los Pingüinos, en el 2006, ocurrió una anécdota interesante de consignar. En un encuentro que sostienen los estudiantes y la Ministro de Educación, Mónica Jiménes, María Música, una estudiante de secundaria, la interpela. Le trata de hacer ver que en las calles los carabineros se están excediendo. Que a ellos los han recibido a palos y con chorros de agua. La Ministro no responde. Permanece en silencio. La ignora. María desespera. Toma una jarra de agua y se la vacía a la Ministro en la cara. Al día siguiente, los medios toman partido por la Ministro. Hay una condena más o menos unánime a la chica.

La lectura que hace la sociedad chilena del hecho es de alguna forma reveladora de sus asunciones y expectativas con respecto al orden.

La anécdota es interesante para quien la ve desde una óptica mexicana.

En diciembre del 2005 Vicente Fox, el presidente del país, visita una correccional de menores. Al final del acto, se toma una foto junto con los chicos. Uno de ellos, de alias El Roñas, le pinta cuernos.

Hay una reacción inicial de crítica al niño por haber faltado el respeto a la investidura presidencial. Luego, todo el mundo se ríe, lo justifica y aplaude su picardía. El presidente mismo lo apadrina. La opinión pública toma partido por el niño. Lo eleva a la calidad de vocero del pueblo. Determina: Vicente Fox es un buey.

Regresemos a Chile. Los Pingüinos son al conformismo, lo que los Pokemones al aislamiento:

Los Pokemones son una tribu urbana –como los hippies o los punks—, de adolescentes clasemedieros con peinados exuberantes –cabellos teñidos y alisados—, tatuajes y piercing, consumidores de productos de punta de tecnología de comunicación, habitantes de la aldea virtual del internet, que se juntan en espacios públicos a escuchar reggaetón, a poncear (besar a la mayor cantidad de desconocidos, con indiferencia del sexo de la contraparte) y a sobajear (una simulación de relación sexual con ropa).

9.

Cierro este texto con una reflexión… en el rastro de la dictadura:

¡Pingüinos y Pokemones, hijos paradójicos de Pinochet!

domingo, 10 de mayo de 2009

Palabras Curzadas

Hay un gran debate sobre cuál es el legado que dos de las figuras capitales de la historia contemporánea de Chile han tenido para con el país.

Conforme pasa el tiempo, pareciera que existe un concenso creciente sobre el fracaso del modelo económico de Allende para sacar adelante al país. No son pocos los que, a la distancia, agradecen a Pinochet el haber encarrilado a Chile hacia la prosperidad de la que hoy goza.

Y puede ser...

Lo que a mí me ha dejando perplejo ahora es el testimonio que constituyen las palabras que ambos pronunciaron la mañana del 11 de septiembre de 1973.

Conocía ya de hace tiempo el discurso de Allende --pasado también por la canción que Pablo Milanés compuso compuso a partir de sus palabras "Yo pisaré las calles nuevamente".

Pero apenas ahora hace unos días, frente al Palacio de la Moneda, José Luis Mellado, nuestro amigo cuentero, nos refirió a la transcripción que existe de las palabras que Pinochet pronunció ese mismo día, casi a la misma hora...

Palabras lanzadas al espacio aéreo que se cruzan en el cielo de aquella mañana en que se signó el destino de Chile.

Desde luego, buena parte la perplejidad se la debo a la noción, acaso idealista e ingenua, de que el hombre es su palabra.

Salvador Allende

Transcripción del discurso que Salvador Allende pronunció por Radio Magallanes a las 9:10 de la mañana del 11 de septiembre, cuando el Palacio de La Moneda está sitiado por el ejército que ha dado un golpe de estado. (Fuente: http://www.ciudadseva.com/)

"Seguramente ésta será la última oportunidad en que pueda dirigirme a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Postales y Radio Corporación. Mis palabras no tienen amargura sino decepción. Que sean ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron: soldados de Chile, comandantes en jefe titulares, el almirante Merino, que se ha autodesignado comandante de la Armada, más el señor Mendoza, general rastrero que sólo ayer manifestara su fidelidad y lealtad al Gobierno, y que también se ha autodenominado Director General de carabineros. Ante estos hechos sólo me cabe decir a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.

Trabajadores de mi Patria: quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la ley, y así lo hizo. En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, quiero que aprovechen la lección: el capital foráneo, el imperialismo, unidos a la reacción, creó el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición, la que les enseñara el general Schneider y reafirmara el comandante Araya, víctimas del mismo sector social que hoy estará en sus casas esperando con mano ajena reconquistar el poder para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios.

Me dirijo, sobre todo, a la modesta mujer de nuestra tierra, a la campesina que creyó en nosotros, a la abuela que trabajó más, a la madre que supo de nuestra preocupación por los niños. Me dirijo a los profesionales de la Patria, a los profesionales patriotas que siguieron trabajando contra la sedición auspiciada por los colegios profesionales, colegios de clases para defender también las ventajas de una sociedad capitalista de unos pocos.

Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha. Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente; en los atentados terroristas, volando los puentes, cortando las vías férreas, destruyendo lo oleoductos y los gaseoductos, frente al silencio de quienes tenían la obligación de proceder. Estaban comprometidos. La historia los juzgará.

Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz ya no llegará a ustedes. No importa. La seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la Patria.

El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.

Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!

Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición."

Adolfo Pinochet


Transcripción de la conversación que en la mañana del 11 de septiembre de 1973 tuvieron Adolfo Pinochet, comandante en Jefe del Ejército Chileno y Patricio Carbajal, Jefe del Estado Mayor Presidencial. (Fuente: https://segue.middlebury.edu/view/html/site/span0105a-s09/node/1926745)

La mañana del día 11, el bombardeo de La Moneda conoció algún retraso, lo que puso especialmente nervioso a Pinochet.

"Yo tengo la impresión de que el señor SE [Allende] se arrancó en las tanquetas. Las tanquetas hay que ubicarlas...", sugirió Pinochet.

"No, pero en las tanquetas, no, no huyó", corrigió Patricio Carvajal.

"Conforme, conforme. Entonces hay que impedir la salida. Y si sale, hay que estar listo para actuar sobre él. Más vale matar la perra y se acaba la leva, viejo", bramó Pinochet. "Otra cosa, Patricio. A las once de la mañana hay que atacar La Moneda, porque este gallo no se va a entregar".

"Se está atacando ya... Se está rodeando y atacando con bastante ímpetu", indicó Carvajal.

"Conforme. Enseguida sale el avión, viejo, y se despacha al tiro [inmediatamente]", dijo Pinochet.


"Negó la posibilidad del avión", desestimó Carvajal.

"¿La negó?", preguntó Pinochet, sorprendido.

"Pidió al edecán militar que los comandantes en jefe concurrieran a La Moneda", explicó Carvajal.

"¡Rendición incondicional!", se desgañitó Pinochet. "¡Rendición incondicional!", volvió a gritar fuera de sí.

"Bien. Rendición incondicional y se le toma preso, ofreciéndole nada más que respetarle la vida, digamos", sugirió Carvajal.

"Se mantiene el ofrecimiento de sacarlo del país... Pero el avión se cae, viejo, cuando vaya volando...", precisó Pinochet.

"Conforme... [risas al escuchar la sugerencia]... Conforme", celebró Carvajal.

Un poco después, Carvajal volvió a consultar con Pinochet.

"La idea sería tomarlos presos, no más por el momento; después se verá si se les da avión u otra cosa, pero... por el momento, la idea es tomarlos presos", señaló Carvajal.

"Pero es que si los juzgamos, les damos tiempo. Y se les pueden levantar las pobladas para salvarlos... Creo que lo mejor... Consúltalo con Leigh... La opinión es que estos caballeros se toman y se... mandan dejar a cualquier parte. Por último, en el camino, los van tirando abajo", reiteró, temerario, Pinochet.

*Grafitti s en Valparaíso

sábado, 2 de mayo de 2009

Rumores antichilenos

  • De los bolivianos habíamos testificado el rencor que sienten hacia Chile por haberles robado el acceso al mar, hecho del que todas las noches se hace efeméride en la radio boliviana como introducción al himno nacional.
  • Los bolivianos nos contaron también que los chilenos les ofendieron al usurpar la paternidad del charango, un pequeño instrumento hecho con el caparazón de un quirquincho o un sauce llorón. Al parecer la ofensa ocurrió cuando el presidente Lagos le regaló a Bono un ejemplar del instrumento para agradecer su visita a tierra chilena. Años más tarde, cuando Bachelet visitó La Paz, Evo Morales eligió también un charango, en señal de elegante reclamo...
  • De los peruanos recibimos también una perspectiva amarga de sus vecinos, frente a quienes sucumbieron en la Guerra del Pacífico. Alguien nos contó que los leones de metal que solían adornar la plaza de armas de Lima, fueron extraídos de tierra peruana al final de la guerra por el ejército chileno y empotrados en Santiago, como tesoro-impuesto de guerra. Los leones mantienen su domicilio sangiaguero en pleno 2009.
  • Los peruanos también acusan a los chilenos de ser plagiarios. Por ejemplo, en lo que respecta a la invención de Pisco. Los peruanos acusan a los chilenos de haber inventado el nombre de un pueblito norteño para justificar la genealogía de la bebida que argumentan, es en realidad peruana.
  • Los argentinos, por su parte, los odian por haber apoyado a Gran Bretaña durante la guerra de las Malvinas, cuando los chilenos permitieron a los ingleses usar sus puertos y sus pistas como base militar, punta de lanza contra los vecinos al otro lado de la Cordillera de los Andes.
  • Los chilenos señalan en su descargo que no podrían haber actuado de otra forma después de que Argentina sistemáticamente les ha quitado a ellos una buena porción de la Patagonia y de lo que ahora es Tierra del Fuego, que originalmente les pertenecía.
  • Da algún paraguayo escuchamos indignadas quejas de la prepotencia de los chilenos, a quienes calificó sin rubor de indios con dinero.
  • Algún chileno autocrítico nos confirmó parcialmente esta mala reputación. Él la atribulle al mestizaje imaginario del orgullo de los mapuches --raza indígena que nunca fue conquistada por los españoles-- con la ambicióin de los extremeños ibéricos que condujeron la conquista de estos lares y cuya hambre de pasta (dinero), es insaciable.
  • Con ojos húmedos de nostalgia, un chileno autoexiliado nos compartió su perspectiva de que en efecto su país se ha ido a la mierda por este afán monetario, que los ha llevado depredar los bosques originarios y a vender una porción considerable de su territorio.
  • Dos amigos americanos nos compartieron su teoría de que el adusto carácter de los chilenos se debe en parte a que heredaron la parte más flemática de los ingleses y la más obsesiva de los alemanes.
  • Algún otro chileno nos comentó que todos los males en el carácter nacional se deben a la insularidad de este país que se encuentra aislado por los cuatro costados: el Desierto de Atacama al norte; las indomesticables tierras de la Patagonia al sur; el Oceano Pacífico al occidente y la Cordillera de los Andes al oriente.
  • En efecto, confirmó su pareja, el espíritu chileno es muy chocante, pues tienden a pensar que están en el centro del mundo... sin darse cuenta de que en realidad están al final de la tierra...
  • Dos amigos americanos, curtidos por el sentimiento antigringo que permea por todo el planeta, afirmaron sin ambajes que para ellos, toda esta mala vibra antichilena se debía en realidad a la envidia que les tienen el resto de sus vecinos latinoamericanos por su innegable prosperidad.
  • Hay quien, desde el más rampante pensamiento mágico, afirma que no en vano sobre el territorio de Chile se ha instalado el hoyo de ozono atmosférico...

lunes, 23 de marzo de 2009

Siete edificios emblemáticos de Montevideo

Palacio Salvo
Cuentan que a Le Corbusier le resultó tan horrendo que a alguien que lo inquirió mientras lo miraba detenidamente le dijo que estaba calculando desde qué angulo convendría bombardearlo...

Teatro Solís
Su nombre se debe al navegante español que descubrió el Río de la Plata. Alberga artes escénicas y música. Es uno de los más elegantes en Montevideo.


Hotel Oriental
Cuentan que el poeta Roberto de las Carreras frecuentaba a sus amantes en las habitaciones del hotel. Ahí componía largos poemas en donde hacía la apología de la infidelidad. Destilaba en su obra la mala experiencia infantil de haber sido abandonado por un padre negligente, y justificaba así también los múltiples adulterios de su madre. Él mismo se convirtió en un seductor y robaesposas flagrante, al punto en que un día fue baleado por un esposo herido. Su apología se convirtió en profesía, cuando su propia mujer le puso los cuernos. Cuentan que algún día en su madurez, su madre, en pleno arranque de locura, envuelta en una tristeza absoluta, arrojó desde uno de los balcones del Oriental, su fortuna entera en monedas de oro a la calle...


Politécnico nacional
Cuentan que de manera devaluatoria fue bautizado la Universidad del Trabajo, pues además de que prevalecían las carreras técnicas, los alumnos del poli tenían que chambear para pagar los estudios, a diferencia de los de la universidad, que siempre fueron más pijos y ostentaban un supuesto caché académico...

Catedral
Cuentan que bien temprano en el siglo XX, el presidente progresista y liberal Josè Batlle y Ordòñez organizó en la explanada de la catedral, en plena cuaresma católica -vigilia y ayuno de por medio- un asado multitudinario. El tenor laico y desafiante de aquel presidente parece ser emblemático del espíritu uruguayo. Hay quien sostiene que la ritualidad religiosa ha sido sustituida en el Uruguayo por una serie de rituales laicos en los que se ensalza la amistad como valor primordial -asado y mate entre ellos...


Trinity Church
Al parecer tiene fama de ser un recinto de encuentros improbables: típicamente al cuarto para las ocho, cada domingo, solían encontrarse y convivir brevemente los aristócratas ingleses que acudían a misa de siete en inglés, y un reducido grupo de prole montevideana, que acudía a la misa de ocho que se oficiaba en castellano...


Universidad de derecho, a unas cuadras de Tristán Narvaja

jueves, 12 de marzo de 2009

Uruguay en Sepia: Vocación nostálgica



Hay algo nostálgico en la tripa del Uruguay. Al menos eso nos dicen.

Un país bueno para envejecer, según cuentan.

Un país de viejos, porque los jóvenes emigran a buscar en otros lados las oportunidades que el mercado de este país pequeño no puede ofrecerles.

En una entrevista que nos hicieron el otro día para un programa de Radio que está dirigido a la diáspora Uruguaya, el conductor nos preguntó qué nos había parecido Uruguay. Cuando nosotros comentamos que a diferencia de lo que todos nos habían advertido, nosotros habíamos encontrado una ciudad ligera, alegre, luminosa, nos contestó: "venite acá en junio o julio, en pleno invierno, y entonces vas a ver la cara verdadera del uruguayo; vas a vibrar en la entraña la nostalgia solitaria de la que estamos hechos..."

A nosotros nos cuesta un poco reconciliar esa imágen con lo que vemos y hemos experimentado. Sin embargo Montevideo es en efecto, como la Habana, una ciudad un poco detenida en el tiempo. Arquitectura de los treintas o los cuarentas. Fachadas descascaradas y viejas. Septagenarios muy arreglados que llevan a pasear a sus esposas muy encopetadas en coches de carrocerías que deben superar la tonelada de peso, que caminan por obra y gracia del Espíritu Santo, pues hace décadas no deben existir refacciones para esos motores diseñados en los cincuentas.

Le preguntamos a Gerardo Mendive, nuestro amigo uruguayo que desde hace años vive en México, cuál era su perspectiva al respecto. Mientras caminamos por la rambla, con esa cadencia suya que le viene de su pasión por la pedagogía del relato nos va soltando dos o tres anécdotas sueltas que van perfilando una imágen precisa:

Desde su perspectiva, la nostalgia le viene a Uruguay en buena medida de su historia de inmigración. Europeos que nunca se hicieron del todo a la idea de dejar atrás el viejo mundo, y nunca terminaron por adaptarse a la nueva tierra. Un grupo de gente que creció de espaldas a América, siempre añorando lo que dejó atrás.

Nos cuenta que en parte por eso es que la rambla está vacía, a diferencia de lo que hubiera ocurrido en México o en Bolivia con un sitio así, que en tres segundos habría estado lleno de puestos de quesadillas y mercaderías para vender.

"Más aún --dice-- hubo un tiempo en que la rambla en efecto se empezó a llenar de puestitos. Pero no bien llevaban un mes de instalados, el intendente de la ciudad se apareció ahí, muy indignado para destituirlos. Mientras supervisaba a la policía para que los quitaran comentaba: ´¡Pero qué barbaridad! ¡Qué es este desorden! Esto hasta empieza a parecerse a latinoamérica´... Cuentan que a los emabajadores de México y Bolivia se les atragantó el comentario aquel, al punto en que solicitaron una disculpa diplomática."

"Está también la cosa de que acá todos viven de las rentas de lo que consiguió el país en la primera mitad del siglo XX, cundo hubo generaciones de hombres grandes. De la época del Uruguay vanguardista de principios de siglo en que se lograron conquistas sociales que eran impensables para el resto de Latinoamérica, como la ley de la silla, que establecía que todos los empleados públicos que trabajaran dispensando cosas o en una caja, debían tener un sitio para sentarse. Fíjate tú por ejemplo en los supermercados mexicanos, y las chicas siguen estando paradas, en pleno siglo XXI..."

"Acá la gente se quedó un poco detenida en la época en que ganamos los mundiales de futbol. Un pueblo que vivió por mucho tiempo de las glorias del Maracanazo... Un pueblo detenido para siempre en los goles de Schaffino y Ghiggia." Y sí... acaso en el Uruguay esté más presente algo que ocurrió en 1950 que nada del presente. Algo que no se ha digerido del todo.

Esta especie de indigestión está bien retratada en la historia del Gurú Mexicano, aquella que hace despatarrarse de la risa a los borrachos, el grupo de amigos de Mendive:

Una amiga uruguaya de Gerardo pertenece a un círculo de amigos mexicanos que desde hace años están muy involucrados en su perfeccionamiento espiritual. Para ello se han adoptado a un gurú mexicano que los orienta por los intrincados caminos del chacra, el debraye onírico y el viaje astral. Siendo un grupo al que no falta plata, la agenda espiritual del año suele estar coronada por un viaje a algún destino del globo en donde las vibraciones cósmicas contribuyan a exhacerbar la búsqueda mística. Así, el grupo ha estado por los lugares más excéntricos: la India milenaria, los monasterios budistas en el techo del mundo en el Himalaya, el exótico Bali, las estepas del turquestán, Real de 14 en el desierto mexicano, el humilde Atitlán en Guatemala...

Tanto insistió la amiga aquella que algún día vinieran al Uruguay, que finalmente el grupo designó a Montevideo, hace unos cuantos años, como destino para su etéreo retiro anual...

Y sucedió que nadamás pusieron pie en tierra uruguaya, el gurú empezó a recibir unas vibraciones malignas en una frecuencia tan intensa, que terminó en cama los siguientes tres días, luchando contra el torrente de muerte, envidias y melancolías que se respiraba en el aire de este lugar.

Los borrachos vitorean a Gerardo todo a lo largo del relato, y explotan en el cúlmen de la narrativa: "Lo que no pudo ni la India, ni Bali, ni Turquía, ni China, ni Guatemala, lo pudo el Uruguay... Nuestra vibra depresiva consigió tumbar al gurú mexicano..."

Si lo dicen los uruguayos, así debe ser, pues... En Uruguay hay una cierta vocación nostálgica. Un remolino de tiempo detenido. Una delectación por recuerdos de otros tiempos.

Objetos enquistados en el cuerpo etéreo del Uruguay. Cosas que no han terminado de ser asimiladas. Tierra de fantasmas. Festín de espíritus a medio camino entre el olvidio y el recuerdo. Imágenes fragmentarias a través de las cuales la energía se drena. Memorias que acaso no tengan un valor práctico para acometer el futuro, pero que seguro, alguna función cumplirán en este pueblo para sobrevivir...

Uruguay en Sepia...