viernes, 19 de junio de 2009

El camino de regreso

1. Montevideo, viernes 5 de junio, 5:50 a.m.




No hay fecha que no se cumpla… Llegó el día del regreso.

Cuando salimos de México hace poco más de un año ignorábamos cuál sería ese día. Confiábamos, eso sí, en que si estábamos abiertos a interpretar las señales y a escuchar nuestro corazón, no nos equivocaríamos y elegiríamos el momento justo para volver.

Lo que sí teníamos claro desde el principio es que no queríamos hacer el regreso por avión. Nos aterraba la idea de arribar abruptamente a la ciudad de México. Desandar de un solo golpe la entera geografía simbólica de nuestro recorrido.

Volar en avión tiene algo de inhumano. El cuerpo y el alma se escinden. Cuando el cuerpo arriba al sitio de destino, el espíritu aún continúa flotando en el sitio de partida.

Por eso hubiéramos preferido regresar por tierra, lentamente. Hubiéramos preferido que la transformación pausada y progresiva de la geografía nos ayudara a hacer el tránsito interior de regreso a casa.

2. Montevideo, viernes 5 de junio, 6:00 a.m.



Entramos al avión. Toques eléctricos nos recorren la espalda.

Al cerrarse la puerta del avión y conforme este se eleva se abre una enorme grieta en el mapa simbólico del viaje. Detrás de la puerta del avión está el recorrido entero que hicimos en el último año, con cada una de sus estaciones.

Delante de nosotros, cuando lleguemos a nuestro destino y se abra finalmente la puerta nos espera un mundo al que le será imposible comprender este cúmulo de experiencias que dejamos atrás. Pues para ellos todo permanece igual. Pues nada de lo que guardan los últimos 385 días de nuestras vidas es tangible para ellos.

En este momento nos rodea un silencio infinito. Una soledad inabarcable. Como si viajáramos en un avión vacío.

En este instante, en esta sensación, está la esencia de lo inefable del viaje.

Inevitablemente, poco a poco, el viaje será engullido y desintegrado. Llegará un momento en que no será posible distinguir el recuerdo del viaje del sueño o de la fantasía.

3. San José, viernes 5 de junio, 8:50 p.m.


Estamos agotados por el tránsito de regreso.

Han pasado trece horas desde que nos subimos al avión en Montevideo. Paramos en Lima y después en San José.

Este es el último tramo del viaje de regreso.

Suena la voz tipluda de la señorita de TACA para que abordemos el avión.

Entramos en el sitio que nos corresponde. Detrás de nosotros continúa aún la estela de soledad y de silencio. El tremendo peso de un avión vació.

Sin embargo algo ha cambiado. Al principio sólo hay signos sutiles. Susurros. Pero luego es imposible no darse cuenta de que el avión súbitamente se ha llenado. Está repleto hasta el tope. No es posible distinguir si los que ocupan los asientos y atiborran los pasillos son fantasmas o son personas de carne y hueso. Lo cierto es que no paran de hablar y de reir. Lo cierto es que varios de ellos no tienen reparo alguno en pedir a la azafata doble ración y dosis extra de champaña.

Sí. Ahí están todos. De vuelta con nosotros. Acompañándonos...

Está Naburu Hoyo, Luis Miguel, Montserrat, José Antonio y Fidel, con quienes nos encontramos en Donminicana.
Está Tato, Maritza, Domingo y Janet con quienes compartimos en Puerto Rico.
Está Alberto, Jorge, Minor, Roy, Arnoldo, Gustavo, Roberto y los otros amigos de Molinos Modernos; Eddie, Mike, Manuel, Liliana, Rodolfo, Larraitz, Olga, Paolo, Tomás, Sabine, Nan, Zenón, Max y Joao, con quienes nos encontramos en Guatemala.
Está Ovidio, Rigo, Glenn y Daniel, con quienes compartimos la experiencia en el MET de Belice.
Está Glen, a quien conocimos en Honduras.
Está María Candelas, Hugo, Madeleine y Armando Mejía, a quienes conocimos en Nicaragua.
Está Alejandro, Jessica, Ale, Analía, Fernando, Ricardo, Adrián, Gustavo, Pedro; Mauricio, Félix y los otros amigos de HayGroup; Margarita, Pamela, Germán y Juan Madrigal, con quienes nos encontramos en Costa Rica.
Está Cristina, Álvaro, Mamana, y los otros Uribe; Jota, Mauricio Patiño, El Parcero, Cociaca, Teresita y los otros amigos de Vivapalabra; Susana, Zaira, Diana, Tutucán, Cora, Raúl, Liceth, Alexander, Esneider, La Mona, Sebastián, Natalia, Hanah, Pakiko, Karla, Mauricio Grande, Bienvenida, El Diablo, El Gato, Juan Mateo, Ramsés, Fernando, Mateo, Ilán, Carolina, Sandra y los otros amigos con los que nos encontramos en el Hablapalabra; Sandra y Carlos E., Homero y los otros amigos del Jardín Fibas; Gonzálo, Irene, Chimi y Agnés, con quienes nos encontramos en Colombia.
Está Wayki, su mamá, su hermana y sus amigos de la Tropa Cósmica; Ángela, Chato Miguel, Cucha, Briscila, Lorena, Elisabeth, Sara, Javier, Cheli, Juan Carlos, Ángel, Fernando y los otros amigos del Festival Déjame que te Cuente, a quienes encontramos en Perú.
Está Guido, Zosha, Martín, Paola, Roberto, Conejo, Celia y las amigas de Maya XXVII; Grober, Cármen, y los otros amigos de la compañía El Waki a quienes conocimos en Bolivia.
Está Laura, Ayrim, Rubén, Miguel, Erenia, Sara, Cármen, Miguel, Rebeca, Marcos, Zunú, Andrea, Iker, Myriam, Brígido, Teresita, Miguel y Alda, con quienes nos encontramos en Paraguay.
Está Gerardo, Iris, Ema, Yvonne, Sonia, y las otras mujeres del Paullier, con quienes nos encontramos en Uruguay.
Está Mariana, Joaquín, José Luis, Marcela, Gerardo, Ana, Sara, Rodrigo, Andrés, Paty, Lorenzo, Martha, Edel, Tom, Nicole, Dave, Sherry, Iván y Roland, con quienes nos encontramos en Chile.
Está Colo, Ale, Leo, Sandra, Jorge, Ronin, Ana y Laura; Inés y las entusiastas sexagenarias de nuestra última función de cuentos con quienes compartimos nuestro tiempo en Argentina.

4. Espacio aéreo mexicano, viernes 5 de junio, 10:30 p.m.



El día que salimos de México no sabíamos si volveríamos. Íbamos con el horizonte abierto, convencidos de que si alguna ciudad de Latinoamérica nos cautivara para vivir en ella, no dudaríamos en establecernos ahí.

Costa Rica nos pareció un país interesante. Bogotá con su arquitectura de ladrillos rojos y sus montañas verdes todo a lo largo de la ciudad tiene algo que enamora. Montevideo, su calma y su bohemia nos atrapó.

Sin embargo, conforme más nos alejábamos, con más fuerza se nos reaparecía México. En nuestro corazón escuchamos el llamado de nuestra tierra, sus paisajes, su carácter, su comida. En nuestro corazón encontramos el signo de nuestra familia y de nuestros viejos amigos.

Supimos entonces que a esta tierra es donde queríamos regresar para continuar nuestro viaje.

5. Ciudad de México, sábado 6 de junio, 10:30 a.m.



Despertamos.

Descorremos las cortinas del cuarto del hotel en el que pasamos la primera noche a la vuelta, ya que nuestros padres se confabularon para darnos una bienvenida de reyes.

Estamos en el corazón de la ciudad. Todo es verde. Todo está tranquilo. Todo es hermoso. Todo está en silencio. La bandera de México ondea apaciblemente.

Desde esta altura es difícil pensar que México está en guerra contra el narcotráfico; que la contaminación continúa avanzando; que hay crisis y desempleo; que la clase política es de dar lástima; que la corrupción sigue siendo el lenguaje que todos hablan y entienden aquí; que continúa habiendo hay una disparidad socioeconómica bestial; que sigue existiendo un racismo lacerante…

Sí. Todo eso parece demasiado lejos de nosotros aún.

Estamos más bien tranquilos, contentos.

Nos inunda un sereno ánimo de satisfacción.

¡Lo logramos!

Por un segundo es imposible no asociar la estampa del momento que estamos viviendo al ánimo de celebración de una larga luna de miel que concluye.

Sin embargo no hay nada más lejano a este momento que una luna de miel. Pues las lunas de miel son apenas una promesa. Lo que las parejas festejan en ese momento es el augurio de un futuro promisorio.

Nosotros, en cambio, después de algunos años de estar juntos y de haber recorrido Latinoamérica durante un año como contadores de cuentos y recopiladores de historias --trasladando la magia de un lagar a otros, tendiendo puentes entre corazones y propiciando el viaje interior—, celebramos una realidad.

En nuestro viaje hemos conquistado una memoria común indeleble, y hemos consolidado un proyecto de vida conjunto, vivido sobre la traza de la solidaridad, la confianza, la generosidad, la creatividad y la aventura.

2 comentarios:

Paola en alemania dijo...

¡¡¡Bienvenidos!!!

Leo todos sus reflexiones sobre el regreso y la dificultad para decidir regresar a la cotidianeidad de la que se separaron por tanto tiempo. Los entiendo, no es fácil enfrentar cómo mientras ustedes crecieron y cambiaron, los que nos quedamos seguimos en las mismas.

Lo que no sé si han considerado es cómo -en mi experiencia, al menos- el viaje toma toda otra dimensión cuando se comparte con los demás. Cuando volviste y te encuentras otra vez con la gente que quieres y vuelves a vivir las experiencias pero ahora ante sus ojos. Los viajes son maravillosos mientras suceden, pero se saborean mucho mejor cuando los compartes tomando café desde tu casa.

Disfruten del periodo de adaptación, pero prepárense para la siguiente etapa que los hará disfrutar el viaje muchas veces más.

Un beso.

KAMILA-LALOKA dijo...

Muchachos me encanta escribir en este blog, me emociono cuando leo todas estas locuras, eso sí fragmenticos mientra mi jefe no me pille haciendo cosas que no son de la empresa; aunque muy pronto me quitaran el internet. En mi blog no tengo nada por ahora, llegará el momento en que tendré mucho que escribir. Por ahí vi mi apodo "la mona" de vivapalabra que alegría saber que me recuerdan y que regresaron bien a el lugar de donde partieron, los bendigo en el nombre de Jesús y muchas gracias por todo lo que generan en mi interior.