lunes, 14 de julio de 2008

Desde México: Un comentario sobre el Plurilingüismo

Siempre me ha venido bien jugar diferentes roles simultáneos en mi vida (igual que a Jennifer). Ahora en el viaje, esto está claro, pues un día jugamos a ser escritores, otro día a ser cuenteros, fotógrafos, documentalistas...

Creo que en mi caso, esa vocación por lo diverso me viene en parte de la adolescencia, cuando para ganarme unos pesos, mis papás inteligentemente procuraron involucrarme en todo tipo de oficios y talachas.

Así, pasé por contador extraoficial calculando y llenando las formas de impuestos de toda la familia; albañil que remozó y pintó todas las paredes del patio; gestor que hizo todas las colas de cuanta tesorería y banco hay cerca de la casa de Quemada; maestro de álgebra de mi hermano...

Pero sin duda, el trabajo que me pareció siempre el más disfrutable, pues tenía un incentivo más allá del dinero, fue el de escribano pasante de lingüista. En este rol me tocó transcribir entrevistas que mi mamá hizo a niños de primaria para investigar el proceso de adquisición del lenguaje, teclear su tesis doctoral y ayudarle a corregir en la computadora innumerables ponencias y trabajos sobre el plurilingüismo y la evolución de la política linüística en México.

De aquellos afanes de adolescencia y de mi admiración permanente a su labor profesional me nació la gana de pedirle a mi mamá que escribiera un comentario para el blog, aprovechando la coincidencia que los Viajes del Corazón por Latinoamérica tienen con su especialidad...

Vaya pues el comentario, con algunas fotos que hemos tomado en Guatemala, durante nuestra estancia...


El plurilingüismo por Rebeca Barriga Villanueva




Los Viajes del corazón me han causado todo clase de sentimientos que van de la sorpresa a la admiración, pasando por la incertidumbre, la curiosidad y la preocupación Una suerte de arco iris emocional con toda la gama de tonalidades y matices en los sentimientos. Desde que supe de ellos, vivo estos viajes intensamente y los sigo como mamá, amiga, lectora, lingüista. Es un hecho, sacuden desde muchas perspectivas, mi capacidad de asombro. Dentro de toda esta gama de sentimientos mezclados hay uno que me conecta especialmente con los itinerarios anunciados: el encuentro inminente con la diversidad cultural y lingüística que en el trayecto de este especial viaje aparecerá una y otra vez.

En Puerto Rico saltó sin más, la paradójica realidad bilingüe que propicia vivir dentro de los parámetros muy norteamericanos que delimita el inglés, no obstante se siente, se baila y se sueña en español. Bilingüismo éste entre dos lenguas poderosas y de prestigios que contrasta radicalmente con el que se da en República Dominicana, Guatemala, Belice, Perú, Salvador, Colombia, Brasil, Argentina “naciones” eminentemente plurilingües que albergan en su territorio múltiples lenguas de diversas familias y variantes dialectales múltiples que propician complejas situaciones de contacto, tan complejas y extremas que pueden conducir a la pérdida de identidad. Cualquier país de Latinoamérica que toquen los viajeros del corazón encerrará, con mayor o menor visibilidad los paradójicos e inextricables rasgos de la multiculturalidad y el plurilingüismo;

los de su cara luminosa: innumerables etnias y lenguas con sus propias visiones del mundo que permean de diversidad y riqueza mítica el ambiente que circundan;

...
pero también los de su cara oscura: el contacto con la cultura occidental inserta en el español, que conlleva, las más de las veces, conflicto, negación, deslealtad étnica, desplazamiento lingüístico, bilingüismos dudoso y la terrible invisibilidad del otro, el indígena.








Países cuya diversidad lingüística se ha vivido ya como Babel, castigo divino por el que “Yavhe embrolló las lenguas de los hombres”, ya como Pentecostés, la alegría exultante e incontrolable de los apóstoles que de pronto y merced al soplo del Espíritu de Dios hablan y entienden las lenguas de los otros, ya no hay embrollo, hay comunicación…

Estos países, los de los Viajes del corazón se entraman con México en una compleja historia de dominio, sujeción y silencios preñados de impotencia, al tiempo que de resistencia y de una inexplicable sobrevivencia indígena. Tras poco más de cinco siglos y siglos de lucha, hasta los inicios del XXI. Los indoamericanos apenas logran arañar las promesas de los derechos lingüísticos y el reconocimiento de su existencia, al menos en el discurso constitucional. Como México (con 63 lenguas indígenas admitidas oficialmente) estos países cuentan con un apabullante número de lenguas indígenas cada con una, tres o quince variaciones dialectales, que pertenecen a familias lingüísticas distintas, cada una de ellas con organizaciones estructurales diversas:

se interroga, se afirma y se niega con muy distintos mecanismos de combinación de elementos; se narra y se describe el mundo a partir de significados absolutamente lejanos a una concepción occidental: ni el tiempo ni el espacio se vive y se construyen de igual manera; ni la vida y la muerte, las estaciones y la lluvia tienen el mismo sentido.



El indígena vive entre tensiones y fracturas que lo llevan irremisiblemente a asumir que si no habla la lengua mayoritaria no alcanza ni el desarrollo ni el progreso; que su lengua se “sabe” pero la que se “aprende”, la que tiene en sí misma el conocimiento y la ciencia es la otra, la que es dueña del poder y de la ideología dominante, la que apresa las verdades en la lengua escrita.


¿Cuántas lenguas y cuántas culturas indígenas aparecerán en convivencia con el español, el inglés o el portugués en los Viajes del Corazón? Si estos Viaje en verdad son del corazón, serán congruentes con su nombre, sabrán buscar, descubrir, reconocer, vibrar con los ecos del maya en Guatemala y Belice, del quechua, aymara, en Perú y en Bolivia, del mapudungun en Chile y del tehuelche en la Argentina. Los viajeros, cuenteros de corazón, pasión y convicción habrán de entretejer sus historias en español con los elementos mágicos y míticos de las leyendas amerindias, y quizá así logren dar pasos seguros hacia la prometida y aún inalcanzable interculturalidad, panacea de los discursos oficiales que nos circundan hoy en día.

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