miércoles, 30 de julio de 2008

Tikal

La memoria suele tener pasajes huidizos; al recuerdo le gusta jugarnos extrañas pasadas...

Jennifer vino por primera vez al Petén a los 14 años. Conservaba de ese viaje la sensación de haber caminado por primera vez en medio de la selva. En su relato todo eran sonidos de guacamaya, coros de insectos, colores de tucán, movimiento de changos...

Yo estaba ilusionado.

Cuando finalmente llegamos ahí, durante los primeros treinta minutos, me sentí decepcionado pues no encontré nada de ello. No encontré todas esas curiosidades que Jennifer había prometido. Tikal era más vivo en el relato que en la realidad...

O a lo mejor sólo era cuestión de esperar. De aguzar el ojo y el oído. Tratar de penetrar la selva. De tener paciencia. De entender que la selva tiene misterios que sólo la presencia continuada desentraña...

Después de seis horas, Tikal empezó a cobrar una dimensión distinta en mi mente.

Hoy, apenas a dos semanas de distancia, cuando lo recuerdo, lo recuerdo exáctamente como lo describió Jennifer. En Tikal todo son sonidos de guacamaya, coros de insectos, colores de tucán, movimiento de changos...

Vista del Lago Petén-Itzá al atardecer



Ceiba gigante a la entrada de Tikal


Vista de Tikal desde el templo VI



Jennifer y Arturo explorando...



Langosta de alas rojas en medio del follaje




Uno de los templos, restaurado en 2002




El amigo Joao, de Brazil, con quien exploramos Tikal





Pasajes mágicos a otro mundo





Jennifer, linda



Y sí, en algún lugar de la selva, un mono araña se desprende del grupo

1 comentario:

Geraldina GV dijo...

Guau! gracias por los colores y ruidos de Tikal. Es un lugar del mundo que me hace falta visitar, espero encontrarlo como ustedes...
Suerte! sigos sus pasos.